“LOS LEALES ABUNDAN, CUANDO TODO VA BIEN”…

Colaboración de:  Lic Isabela Rodríguez Padrón 

Actualmente muchos de los mexicanos han dejado de tener conciencia de lo que significa ser leal a sus convicciones y principios. En política ni digamos, los chapulineos y pisoteos por mejores condiciones personales, son una constante y hacen que haya una pérdida de identidad de un partido político a otro.

La lealtad no la debemos confundir con gratitud, ni con estómagos agradecidos, es uno de los ingredientes básicos en la política, no se puede avanzar en un proyecto político, ni de ninguna otra índole, sin leales, de los de verdad, esos que luchan por convicción propia, más allá del interés legitimo.

Sin duda este proceso electoral que se avecina nos esta poniendo a prueba, como ninguna otra, una cuestión que parece anacrónica o de vulgares inocentes: la lealtad.  Desde que se crearon las agrupaciones políticas como tal (finales del siglo XVIII y comienzos del XIX), encontramos ejemplos de lealtades forjadas en las páginas de la historia, como también descubrimos muchos personajes que no honraron ese valor, escasísimo en el quehacer partidario.

En los tiempos en que el líder tiene éxito y la suerte lo sigue, los leales se multiplican. Adulan sin límites, Idolatran. Pero cuídese el político de las lealtades exageradas, Ostentosas. Esas lealtades que se gritan y presumen para que el jefe las escuche, esas lealtades son frágiles. Las rompe el primer viento fuerte. La primera crisis. El término de un cargo.

Cuando el poder acaba o amenaza con irse, los leales de paso arman su equipaje y apresuran su partida. En política es una escena inevitable. Un hecho que duele, pero que hace despertar al político de su sueño. Una lección que le curte la piel. Que le hace valorar a los que se quedan hasta el final.

La lealtad y la gratitud son siamesas, caminan entrelazadas para ir forjando una relación donde la envidia, las zancadillas, los intereses y los indignos no pueden entrar, porque la lealtad da independencia de criterio con la patria, con el partido, el líder o el amigo

No debe sorprender pues que en el terreno político la lealtad- como la gratitud- sea un bicho raro. Hoy, el hombre o la mujer leales y agradecidos parecen no tener espacio en la política, y menos en estos tiempos. Este proceso electoral se muestra ya “rica” en acusaciones antes que en propuestas; en vendidos antes que en forjadores y en oportunistas antes que en probos.  Denuncias por aquí y por allá provocan que los hipócritas se rasguen las vestiduras y los fariseos se pinten de blanco. La impostura hace tiempo es una postura que pasea campeante por las calles, bares y cuartos de guerra de los partidos políticos.

Ya no importan las ideas, sino sólo destruir el físico del contrario. Los caníbales de la política y las hienas del poder danzan estratégicamente en torno a sus ocasionales víctimas, bajo la mirada cómplice, indiferente o sinvergüenza de una ciudadanía que pareciera estar estupidizada por la ilusión del dinero fácil y de vivir el presente sin importar el futuro.