Cómo desaparecer un periodista desde Palacio de Gobierno

San Luis Potosí, SLP.- Ejercer el periodismo es, en sí, un peligro. Se enfrenta uno a cosas tan diversas que van desde el clima infernal, hasta la humedad, el frío, el aire. Se atiene uno a las disposiciones del tiempo aunque éste parece eterno si no se encuentra lo que se busca y fugaz cuando la noticia aparece.

Pasa uno hambre, sed, ganas de dormir, ganas de ver a la familia, pero vamos, son los riesgos del “oficio más hermoso del mundo”. Pero cuando un periodista, en su búsqueda de la verdad, se encuentra contra los peligros del peligro, la cosa cambia.

Parece chiste, pero en un país tan violento en todos los sentidos como el que vivimos, enfrentarse a la amenaza oficial, esa, la que se genera en los gobiernos, el asunto se pone serio y causa sin duda, temor, miedo, la desesperanza de un día cualquiera, ser desaparecido por órdenes de arriba y sin mediar palabra.

Yo me encuentro en peligro. Vivo en peligro. Siento el peligro y sin embargo aún no logro cuantificar qué fue lo tan malo que hice o escribí para haberme convertido en una persona, en un periodista amenazado y en riesgo.

¿Alguna o varias notas incómodas para alguien? No lo sé, de verdad, no logro equilibrar lo que haya escrito o investigado con el peligro en el que vivo.

Vivo amenazado desde el inicio de la administración carrerista. Tristemente, ese es el lapso de tiempo en el que he sufrido amenazas telefónicas, persecuciones, veladas amenazas de personas rondando mi hogar, sospechosos autos y camionetas que de repente me siguen todo el día. Amagos a mi portal de noticias, publicaciones en mi contra con toda falsedad de declaraciones.

Todo es de conocimiento oficial, y tal parece que las autoridades locales se empeñan en ignorar o quizá en incrementar todas estas situaciones en mi contra, sin que nadie, absolutamente nadie, haya movido un dedo para apoyarme, peor aún, los amagos de ayuda parece que sólo buscan enjuiciarme, señalarme, amenazarme y sin duda alguna, preparar mi desaparición forzada por órdenes oficiales. Así de simple.

Los detalles de las amenazas y malas artes contra mi persona y mi nombre, tienen nombre, apellido y cargo. Por secrecía de investigaciones iniciadas a nivel federal debido a las denuncias por amenazas en mi contra, no puedo revelar detalles, sin embargo, algunas cosas han sido públicas y sin duda forman parte de esta trama que sólo busca verme mal… o de plano ya no verme.

He recibido llamadas amenazantes que van desde avisos de que me romperán las piernas, hasta burlas de empleados gubernamentales del área de Comunicación Social que hacen mención de las llamadas de amenaza, mucho antes de que yo las hiciera públicas. Entonces ¿quién les dio santo y seña de las amenazas? ¿son adivinos? O peor ¿son los mismos que llamaron para amenazar? Las investigaciones lo dirán sin duda.

Por medio de redes sociales, la cosa no se queda atrás, pues en mis cuentas he recibido amenazas al igual que denostaciones por mi labor periodística. Muchas, relacionadas con el tiempo que laboré en el Partido Revolucionario Institucional, de donde fui despedido sin motivo, presuntamente, por órdenes de empleados que iniciaban labores en el gobierno de Juan Manuel Carreras López.

El asunto, de tema laboral, fue revisado y se encuentra en manos de las instancias correspondientes, sin embargo el tema ha sido usado en varias ocasiones para llamarme desde ardido hasta enemigo del gobierno, cosa que no tiene la más mínima relación con mi trabajo como periodista, mismo que ejerzo desde años antes de trabajar para el PRI.

Por otra parte, mi trabajo periodístico en cobertura de la llamada nota roja, ha sido causa de que un medio, presuntamente propiedad de Gobierno del Estado y manejado en una de sus dependencias, llamado SLP Código Rojo, me haya nombrado en una de sus publicaciones como vocero de un cártel criminal, cosa por supuesto falsa.

En dicha publicación se menciona que soy vocero e incluso, aseguran que hay pruebas ante la PGR sobre el tema. En defensa propia, indagué de forma oficial ante la Procuraduría federal mencionada, si existe una investigación o causa en mi contra, siendo contestada la pregunta, por oficio, descartando cualquier investigación o tema con mi persona.

¿Quién o quiénes manejan dicho portal y aseguran con toda alevosía que tengo asuntos pendientes con la justicia? Definitivamente si saben de algo, deben probarlo, pues sino, podrían a su vez ser investigados por difamación.

Y vaya que lo que publican es una barbarie, pues adjudicarle a una persona se parte de uno u otro cártel, es ponerlo en la mira. Lamentablemente para dicho portal cuyos hilos se mueven desde el ámbito oficial, yo no investigo, ni supongo ni invento la violencia que existe. Esa es pública y sólo realizo la cobertura de la noticia sin adjudicar o ponerle nombre a los crímenes.

Pero no sólo con malas artes el gobierno carrerista apunta sus baterías hacia su servidor. De entrada al recibir las primeras amenazas en mi contra, denuncié antes las autoridades locales, incluidas la Comisión Estatal de Derechos Humanos, la PGJE ahora Fiscalía General, ante la Secretaría de Seguridad Pública del Estado, el secretario de Gobierno e incluso, ante el propio gobernador, quien de frente, me dijo que se me brindarían todas las protecciones de la ley.

Tras el asesinato (aún sin resolver a más de un año) del compañero fotógrafo Daniel Esqueda, las amenazas en mi contra se incrementaron, por lo que solicité medidas cautelares ante la irrisoria Comisión de Protección a Periodistas y Defensores de Derechos Humanos del Gobierno del Estado. Irrisoria, porque simplemente es un nombre en algún papel, con menos de seis sesiones en dos años, sin cabeza, sin pies, sin manos, simplemente, un fantasma nombrado tras el asesinato de Daniel, para calmar las aguas.

En dicho comité, en teoría, participan la CEDH, la SSPE, la Fiscalía, el gobierno estatal y en teoría, un par de periodistas que nadie sabe quiénes son ni para quién trabajan.

Mi caso estuvo en una de dichas reuniones y acabó en nada, absolutamente en nada. La SSPE se comprometió a brindar seguridad a mi persona y ciertamente, la tuve por un par de semanas para después ser abandonado a mi suerte tras el despido del anterior secretario de Seguridad, el general Gutiérrez, sin embargo por órdenes del nuevo director de la DGSPE, Raúl Alanís, me fue retirada, aunque con cierta maña para hacer creer que era mi culpa.

Dicha maña consistió en mandar a policías estatales a mi domicilio, quienes tocaron y alguien de la familia les dijo que en ese momento no me encontraba, por lo que sin preguntar cómo o dónde contactarme, los agentes dieron parte de que no me habían hallado. Con eso en sus manos, la dirección de la Policía Estatal a cargo de Raúl Alanís emitió un informe a la Secretaría de Seguridad, encabezada por Jaime Pineda, donde se realizó otro informe donde se aseguraba que yo no quería la protección.

Bonita forma de hacerme quedar a mi como el que no quiere protección luego de ser amenazado y hostigado. A lo mucho, dijeron que me habían incluido en un chat de reporteros en peligro… no pues sí.

Llamas telefónicas a los encargados de seguridad en el estado fueron bateadas con toda solemnidad dejándome a mi suerte.

Lo más lamentable, es que el propio gobernador del estado, Juan Manuel Carreras López, ha sido informado de viva voz por quien esto escribe, de todas estas situaciones, siendo educadamente ignorado.

Por eso ¿será parte el gobernador de este plan para preparar mi desaparición o mi muerte? ¿por qué, si la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Artículo 19, y otras instancias internacionales se interesan por mi caso y le dan seguimiento, las autoridades locales encabezadas por Juan Manuel Carreras, las ignoran?

¿Esperan que me calle? ¿qué me siente apaciblemente a esperar que me desaparezcan? ¿Mejor, señor gobernador, con todo respeto, mejor no vienen de una buena vez y me detienen para poder desaparecerme de una vez?

¿Es todo lo que he vivido por casi tres años un preámbulo de mi desaparición?

Desde este espacio, responsabilizo a Juan Manuel Carreras López, gobernador de San Luis Potosí, de todo lo que pudiera pasarme a mi o a mi familia, pues usted señor gobernador, tiene pleno conocimiento de qué, cuándo, quiénes y cómo se ha hecho de mi persona un objeto de amenazas oficiales y no oficiales, por mi trabajo como periodista.

Soy Everardo González. Periodista. Vivo con miedo y temor al estar en el abandono de las autoridades que presuntamente, tienen los medios y la obligación de velar por los ciudadanos.

Espero que al Gobernador de San Luis Potosí Juan Manuel Carreras López y a sus empleados les quede claro…

NO TOMO
NO FUMO
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NO TENGO VÍNCULOS CON GRUPOS DELICTIVOS

Con gusto respondo:
@Srdeportes

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