La final: una maldición continúa…

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Rolando Jiménez

En la pasada final del futbol mexicano entre América y Cruz Azul, tuvimos la oportunidad de tener una lección, de lo que la actitud puede lograr en el deporte y si nos alargamos en la vida misma. Cuando no tenemos una afición en especial por uno de los equipos protagonistas, puedes observar aspectos que la pasión te puede nublar y una de ellas fue sin duda alguna, el cómo enfrentar una dificultad.

América llegó a su cancha con el marcador global en contra de 0-1, con la obligación de buscar el triunfo, con un Estadio Azteca lleno, en su mayoría de aficionados a sus colores. Contando con el campeón de goleo individual y la pareja de goleadores más activa de la Liga MX, el planteamiento lógico era buscar el arco de los cementeros para tratar de emparejar lo más rápido el marcador y no sufrir por anotar, como les había pasado en la final de ida en el Estadio Azul.

Todo lo que planeas se topa con circunstancias adversas o imprevisibles, el América en una jugada de contraataque de Cruz Azul en los primeros minutos, se ve forzado a detener a Barrera de cualquier forma, sin ver si podía ser el último defensor o la peligrosidad del avance, decidió cometer la falta para evitar un posible gol. La consecuencia fue una expulsión inédita para una final y aplicada al equipo local, con un gran peso que no fue suficiente para el árbitro jalisciense Paul Delgadillo.

Después del shock de quedarse con solo 10 jugadores, acostumbrado más a situaciones inversas, Miguel Herrera, más conocido como «El Piojo», realizó un cambio escalofriante: Sacar al excelente defensa Diego Reyes, en su despedida, para ingresar al criticado Miguel Layún.

A los pocos minutos el Cruz Azul anotaría el gol inicial, que le daría un 2-0 global, que parecía bajo las condiciones, definitivo para que el equipo cementero, terminará su ayuno quincenario de títulos de liga, pero siempre parece que una fuerza externa incontrolable se cierne sobre el equipo azul, aunque habían declarado que ya no habían maldiciones, los hechos los han desmentido.

Cruz Azul apostó a su desempeño defensivo, que maniató a la pareja letal, Benítez-Jiménez sin anotar ningún gol, para ganar el torneo liguero y poder hacer con el de copa, una excelsa campaña. Su Director Técnico, Memo Vázquez Jr., parecía que se convertía en el exorcista de una década y media de subcampeonatos. La lección ha sido muy dolorosa, porque América apostó todo lo que aún tenía, con el fin de lograr el triunfo.

En esa única opción que tenían las Águilas, la defensa que había regalado espacios que no aprovecharon Pablo Barrera, «El Chaco» Giménez y Teófilo Gutiérrez para liquidar la final, ahí en esas acciones, su arquero Moisés Muñoz tuvo una intervención decisiva, que no terminaría ahí, sino que sería definitiva para lograr la hazaña del campeonato.

En el minuto 88, el defensa Aquivaldo Mosquera, cabecea un balón aéreo y logra «techar» al portero nacional Jesús Corona para anotar el 1-2 y darle una gran dosis de dramatismo al final del partido, que todavía parecía inalcanzable para las huestes americanistas. Un dato, pocas fechas antes de concluir el torneo el América realizó una remontada de antología en el Estadio Hidalgo ante el Pachuca que ganaba 2-0 y las Águilas anotaron 4 goles para salir con una victoria que les dejó una inmensa motivación de cara a la liguilla.

Y sería en un tiro de esquina, «para que duela más» como lo decía José Antonio Roca (QEPD) antiguo entrenador del América, que expresaba: «que las únicas jugadas donde podías establecer una estrategia, para reducir un riesgo eran las jugadas a balón parado». Esto se daba en el segundo minuto de reposición, cuando le permitió al arquero águila, rematar de cabeza un balón que se dirigía hacia afuera, algo que el jugador cruzazulino Alejandro Castro no percibió y en su intento de despejar, «jaló» el remate hacia su propia portería, desconcertando a su portero Corona que se había lanzado por el balón.

Ese 2-1 que se convertía en un empate global de 2-2, despojó al Cruz Azul de cualquier reacción psicológica al tener ventaja numérica en la cancha, en ese momento la reacción fue de los miles de seguidores americanistas reunidos en el Coloso de Santa Úrsula, que se estaban convirtiendo en testigos de una hazaña no prevista, ni por los más optimistas. En ese instante dio la impresión de que estos partidarios, estaban en la misma cancha alentando a sus jugadores, nadie en Cruz Azul, ni sus integrantes con mayor experiencia pudieron hacer valer su presencia y superioridad en número.

Muchos expertos dicen que los partidos en muchas ocasiones, se ganan en el descanso, en este caso, cuando se preparaban para iniciar el tiempo extra, el lenguaje corporal era muy claro, por un lado el D.T. Guillermo Vázquez, se veía muy preocupado, encorvado con las manos en las bolsas, en el lado contrario el técnico americanista Miguel Herrera, estaba eufórico y su actitud exagerada, contagiaba a todo su equipo, que parecía vivir un éxtasis después de la agonía de más de 163 minutos.

Los tiempos extras fueron una re-afirmación de lo que los aficionados imparciales visualizábamos, el Cruz Azul agobiado en su área, frente a un América que parecía no tener 10 jugadores y no querer llegar a la definición de los once pasos. En una jugada muy clara, su campeón de goleo individual, el «Chucho» Benítez, parecía darle la puntilla a Corona, quién en el «mano a mano», logró despojar y conjurar un contra-remate del ecuatoriano con ayuda de un defensa. Ahí pudo el Cruz Azul tomar una actitud más agresiva, al salvarse de un gol inminente, pero nadie quiso tomar el papel de caudillo y se perdió quizás la última oportunidad de vencer a su trágico destino.

El América que siguió presionando en todo el terreno de juego, no pudo anotar y llegaba la definición más incierta, por un lado el Cruz Azul había ganado la Copa MX en Cancún al Atlante en serie de penales, siendo Jesús Corona un factor importante, además ganaron el «volado» para elegir tirar primero, lo que mayormente otorga una ventaja porque el rival solo puede ir empatando, cuando se aciertan los penales por supuesto.

Por el lado de los pupilos de «El Piojo» Herrera solo había optimismo y confianza con la mayoría de seguidores en las tribunas, solo eso parecían tener de su parte los locales del inmueble, en muchas ocasiones esto no es suficiente para levantar los trofeos, PERO en este caso fue tan contrastante la actitud al llegar al manchón y colocar el esférico, que solo podía haber una conclusión y esa se podía plasmar en un viejo refrán: «Caballo (Águila) que alcanza…gana».

Cuando Cruz Azul parecía que había vencido a sus propios fantasmas en Cancún, estos le cobraron caro su poca ambición y la gloria se fue al bando contrario, que supo a base de esfuerzo y coraje, inclinar la balanza de esa mujer vendada de los ojos, que representa a la justicia. Una gran lección para nosotros los aficionados que tuvimos la fortuna de presenciar una final trepidante, donde la ACTITUD tuvo un papel demasiado importante.

Y todo termina en una frase muy cruel: «La maldición continúa…».