Maduro insiste en conspiración en su contra

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CARACAS.- Paramilitares, magnicidios y 18 aviones de guerra dispuestos a derribar al gobierno. Si las denuncias del chavismo fueran verdaderas, Venezuela estaría a punto de sufrir su propia Bahía de Cochinos bolivariana, versión siglo XXI.

«Estamos enfrentando un plan de la derecha fascista con apoyo desde Colombia de grupos violentos para asaltar el poder político», denunció Nicolás Maduro en el último capítulo de la «conspiranoia» nacional.

«Qué buen chiste el de los aviones de guerra», contraatacó el líder opositor, Henrique Capriles, para resumir, en los mejores términos posibles, la reacción incrédula de la mitad opositora del país.

La Venezuela del surrealismo mágico se escribe todos los días. Y uno de los que enriquecen el relato es el nuevo ministro de Interior, Justicia y Paz, Miguel Rodríguez Torres, hasta hace muy poco director del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin). Ayer compareció ante los medios para detallar la detención de dos grupos de «paramilitares» en los estados fronterizos de Táchira y Portuguesa.

Este militar, que también ordenó la captura del cineasta estadounidense Tim Tracy (acusado de ser miembro de la CIA y liberado por falta de pruebas y como gesto de buena voluntad ante Estados Unidos) y del general Antonio Rivero, detalló: «Nos llamó poderosamente la atención que tengan como misión Caracas para cometer un hecho que ellos dicen desconocer. Y nos crea la suspicacia de qué conexiones políticas pudiesen tener con la extrema derecha venezolana. No nos extrañaría que viniesen dentro de esos planes atentar contra la vida del presidente».

Unas cábalas poco científicas que le sirvieron para sembrar el estado de desconcierto en el país, incluso de preocupación, ya que también develó que la policía busca en Caracas a otro grupo paramilitar que tendría en su poder armas largas.

Según los datos aportados por el ministro, varios de los detenidos pertenecen al grupo de los Rastrojos, habituales en zonas fronterizas colombo-venezolanas. Investigaciones periodísticas demostraron que estos antiguos paramilitares, hoy convertidos en bandas de delincuencia común, mantienen buenas relaciones con miembros de la guardia bolivariana, quienes permiten el contrabando de combustible.