Tras el tifón Haiyan, el hambre y el caos

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Tras la devastación, el caos, el hambre y la desesperación. El tifón Haiyan, el más fuerte de la historia de cuantos han tocado tierra, ha dejado más de 10.000 muertos en Filipinas, la inmensa mayoría en la localidad costera de Tacloban, capital de la provincia de Leyte, que quedó destruida en un 95 %, ya que fue por donde entró el fenómeno meteorológico. La ciudad, con una población de un cuarto de millón de personas, es ahora un escenario de destrucción, con manzanas de casas enteras derruidas. Miles de ciudadanos deambulan por entre los restos con la cara cubierta con máscaras para no aspirar el polvo y para evitar el contagio de enfermedades por la acumulación de cadáveres, que las autoridades son incapaces de retirar al ritmo necesario.

La desesperación es tal que el propio presidente del país, Benigno Aquino, acudió en persona a repartir agua entre la angustiada población, que busca como sea algo que llevarse a la boca. Aquino llegó a abandonar por pura frustración, y profundamente irritado, una reunión de emergencia con las autoridades locales, a las que culpó de las dimensiones de la tragedia por no haber adoptado las medidas preventivas que sí se tomaron en otras zonas. Por ejemplo, Vietnam, adonde se espera que el tifón llegue hoy, ha llegado a evacuar a 600.000 personas. En la reunión, las autoridades locales pidieron al presidente del país que instaure la ley marcial en la ciudad para evitar los saqueos, que se han extendido ante la impotencia de las fuerzas de seguridad para impedir los asaltos a establecimientos y a cajeros automáticos.

Fuente: lavozdegalicia.es