21 julio, 2026

La salud mental de los policías: Asunto pendiente de atender

10 marzo, 2014

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Juan Felipe Sánchez

Por: Juan Felipe Sánchez Rocha

En mayo del año 2000, se celebró en Zaragoza, España, el Congreso Iberoamericano de Medicina del Trabajo, dentro del cual el Dr. Apellaniz González A., Investigador de la Universidad del País Vasco, y otros colaboradores, presentaron una interesante ponencia denominada Policía y estrés laboral, estresores organizacionales como causa de morbilidad psiquiátrica. Este estudio puede ser consultado por cualquier persona en http://www.seslap.com/seslap/html/pubBiblio/revista/n_4/polestres.pdf, y de su lectura se desprenden varias conclusiones interesantes, las cuales nos pueden hacer reflexionar un poco acerca de las deterioradas condiciones de salud mental en que operan la mayor parte de los policías de este país, el cual es un pendiente por atender, ya que normalmente los grandes programas de salud enfocados a la carrera policial van encaminados al tema físico, como el control del sobrepeso y de diversos factores de riesgo para enfermedades crónicodegenerativas tales como la diabetes, el cáncer, la hipertensión arterial o las infecciones de transmisión sexual, más casi nunca vemos un programa enfocado a atender la salud mental, el estrés y la parte psicológica y emocional de quienes se desempeñan en un trabajo tan delicado y peligroso.

La profesión policial es una actividad de estrés y riesgo «per se». Además existen factores adicionales de carácter estructural, que inciden negativamente en la motivación y disposición de los policías a la hora de realizar sus tareas. Su conocimiento, y posibles mejoras, permiten una optimización de las aptitudes de las funciones y un mayor aprovechamiento de sus capacidades. Pero para lograr esto, antes que nada se necesita reconocer que los agentes de Policía son seres humanos, que no son robots o máquinas a las que se les pueda programar para no sentir, no cansarse y no traer cargando afectaciones y problemas que le vienen de su vida personal y familiar, de su pasado, y de sus expectativas para el futuro, así como de su entorno social.

El termino estrés fue empleado en un contexto científico por vez primera en 1911, relacionado la influencia de los factores emocionales con el aumento de la secreción de la adrenalina, es decir, como un estímulo ante el cual el organismo respondía de una forma concreta y específica, con toda una serie de respuestas físicas derivadas de la situación emocional estresante de que se trate. De una forma más escueta, recordemos que el origen de la palabra estrés es la voz inglesa effort (esfuerzo, violencia, tensión), con la que se designa el estado de tensión excesiva como consecuencia de una acción, brusca o continuada, nociva para el organismo.

Sin embargo, el estrés en si no tiene porque ser malo. Cuando nos ayuda, incentiva y motiva a ser mejores en nuestro trabajo y en nuestra vida de relación, se comporta como un factor positivo. Las consecuencias negativas para el organismo vienen cuando un exceso de estrés comienza tornarse negativo y a ser perjudicial para la persona, al superar los mecanismos internos que tiene para controlar la presión. A partir de este momento, las consecuencias de esta situación pueden ser:

1.      Aumento en el riesgo de problemas de salud física.

2.      Aumento en el riesgo de problemas emocionales y mentales.

3.      Interacción con el uso de alcohol, drogas y otras puertas falsas como evasión.

Es entonces fácil advertir que en México, adicional al estrés natural de la tarea policial, tenemos factores adicionales que lo elevan exponencialmente. Entre otros podemos mencionar los siguientes, que son el pan de cada día de los policías de este país:

1.      Horarios excesivamente largos.

2.      Cambios frecuentes de residencia.

3.      Poco espacio de descanso para la convivencia familiar y social.

4.      Ambiente de trabajo negativo.

5.      Estigmatización y descrédito social

6.      Poca cultura de respeto a los derechos humanos.

7.      Salarios que en la generalidad no corresponden a los riesgos y exigencias de la función.

8.      Presiones extra laborales pero que tienen su origen en la función policial: exigencias de pago de cuotas de dinero y/o de detenidos por parte de los mandos, acoso sexual, servicios incómodos, tareas innecesarias y repetitivas.

9.      Riesgo permanente de sufrir lesiones y/o muerte

10.    Altos índices de violencia y desintegración familiar, separaciones y divorcios.

11.    Uso de alcohol, tabaco y en ocasiones drogas como evasores.

12.    Mala alimentación.

13.    Presencia de enfermedades crónico-degenerativas asociadas al trabajo policial: Diabetes, hipertensión, gastritis, colitis, problemas de columna vertebral, etc.

Toda esta problemática tiene como resultado final un policía agotado, y no sólo física, sino también mentalmente, que es lo más grave. Por tanto, no esperemos grandes resultados en el combate a la inseguridad ni en la prevención e investigación de delitos, si mandamos a las calles a policías enfermos, mal alimentados y mal pagados, en turnos de 24 horas, que debe cumplir una cuota de detenciones o infracciones o consignaciones para justificar su “eficacia”, que es socialmente mal visto, que sabe que al primer error que cometa puede ser señalado o sometido a un proceso penal o administrativo, que está expuesto a peligros físicos permanentes, que tal vez esté destacamentado en un Estado o ciudad lejos de donde radica su familia, resentido con la sociedad a la que se supone debe servir, y que además trae arrastrando una dinámica familiar grave de violencia o abandono. A un ser humano sometido a una carga así de estrés no se le pueden pedir ni resultados contundentes ni eficacia al 100%, por más programas de salud dental o de control de peso que se lleven a cabo. Si la Sociedad se preocupa de desarrollar herramientas para que sus policías trabajen en condiciones menos desfavorables y menos estresantes, se habrá dado un gran paso adelante en la lucha contra la delincuencia, al menos desde el ámbito policial.

Muchas gracias¡