Por: Juan Felipe Sánchez Rocha
San Luis Potosí, SLP.- Está actualmente muy en boga, en México y en el mundo, el concepto de Prevención Social del Delito. Se trata de un enfoque, dentro del marco de las discusiones sobre el tema de Seguridad Ciudadana y Delincuencia, que ve al crimen más allá del plano meramente jurídico, y lo ve como un hecho social, en el cual intervienen toda una serie de factores de carácter precisamente social o comunitario, tales como la pobreza, el desempleo, la precariedad de la economía, la migración, las enfermedades, el alcoholismo, el autoritarismo gubernamental cuando existe, la desigualdad, las carencias o falta de acceso a la educación, la falta de acceso a servicios de salud y a la tecnología, la información y las comunicaciones, los problemas de infraestructura, el entorno urbano y la violencia y desintegración familiar. A todos estos factores, y algunos más que se dan en contextos muy particulares, les llama causas estructurales de la delincuencia.
Según las premisas de los teóricos de la Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia, al modernizarse las sociedades, y al dar acceso a los más pobres y desprotegidos a la educación, la salud, la información, el deporte, el conocimiento, el progreso y el desarrollo, así como a una serie de políticas tendentes a mantener amalgamadas a las familias dentro de un entorno de no violencia, se desarticulan las bases que perpetúan el caldo de cultivo de las ya mencionadas causas estructurales de la criminalidad.
Sin embargo, tenemos el caso de países como México, donde aunque con desigualdades, retrocesos y contradicciones, las condiciones de vida, salud, educación y desarrollo de la población han cambiado radicalmente en los últimos 20 o 25 años. Sin embargo y a pesar de ello, la delincuencia y sus efectos crecen día a día. Hoy, por ejemplo, prácticamente cualquier empleado con un sueldo superior a los 7 u 8 mil pesos mensuales pueda aspirar a comprar un coche nuevo a crédito, cosa impensable hace no más de dos décadas para la mayoría de la población. También ha incrementado sustancialmente el acceso y la matrícula a la educación universitaria o a la cobertura de salud. No obstante estos cambios positivos, México es hoy un país más violento y con un mayor índice delictivo que el que se tenía cuando era un país “subdesarrollado” y con mayor porcentaje de analfabetas. Y no es válido pensar que hoy en día hay más delitos porque “somos más”, pues la raza humana no puede apostarle a la contradicción de su propia supresión como medida para lograr la tranquilidad en su existencia.
Algo entonces no anda bien con la idea de que la mejora de las condiciones sociales, económicas, educativas, laborales y familiares desarticule, por sí sola, las razones que impulsan a los seres humanos a cometer delitos. Para ilustrar esta discrepancia o falla a continuación reproduciré algunos párrafos del excelente libro del historiador italiano Salvatore Lupo denominado “Historia de la Mafia”, publicado por el Fondo de Cultura Económica, en el que, siempre dentro del contexto de la realidad italiana y del fenómeno delictivo de la Mafia, cuestiona duramente los postulados de la prevención social del delito:
“…en la historia de las interpretaciones de la mafia y de la lucha contra ella regresa cíclicamente la idea según la cual “lo moderno” (la reforma agraria, la industrialización, la escolaridad, el desarrollo de costumbres sexuales más libres, etc.) debería destruir por sí solo el fenómeno (de la mafia) y su caldo de cultivo, esquema propagandeado a partir de la posguerra…y después retomado un poco por todos en forma más bien instrumental, con el objeto de obtener más fondos públicos, más recursos que administrar…del mismo modo, en su vertiente estadounidense la mafia ha sido descrita como el “residuo” de una sociedad campesina, destinado a agotarse con la inserción de la comunidad italiana en las capas superiores de la civilización estadounidense…muchos pensaron que la Mafia desaparecería cuando en los pueblos del desolado interior de Sicilia se oyera el silbato del tren, sin sospechar que se seguiría hablando de ella (de la mafia) mucho después del silbido de la locomotora, el estruendo del jet y el sonido de la computadora…y todavía nos encontramos frente a un fenómeno llamado Mafia, tratando de entender como sobrevivió a la modernización ese fenómeno aparentemente típico de un universo “tradicional”…
Lejos queda de la intención de esta columna el discutir si son ciertos o no los postulados e ideas de la teoría de la Prevención Social del Delito, sin embargo, la lectura de las líneas arriba transcritas, desde mi opinión, nos debe mover a reflexionar sobre si existe o no una resolución definitiva del problema delictivo, el cual parece ir mucho más allá de cuestiones de bienestar social o económico, y ser más bien un comportamiento que forma parte de la naturaleza moral misma del ser humano.
¡Muchas gracias¡



