MENTE EN BLANCO “EL CASO CÓRDOVA”

Luis Mejía Mente en Blanco

Por: Luis Mejía   @luismejial

Que tal querido lector, mi nombre es Luis Mejía, ingeniero de profesión, político por convicción y ex seminarista por decisión; y he querido abrir este espacio para platicar u opinar acerca de temas que aquejan  a nuestro acontecer diario.

Dicha sección la he denominado “Mente en blanco” ya que es precisamente de esa forma como partimos a analizar un tema, a pensar en una acción a realizar o simplemente a imaginar; este espacio será un  punto de vista u opinión del autor.

Dada la introducción de este espacio, abordaré un tema que ha aquejado a la sociedad potosina los últimos días: “El caso Córdova”.

Ciertamente es un mal que ha penetrado en el alma de la Arquidiócesis Potosina, ya que no sólo se trata de un “simple cura”, como son  los casos del padre Noé Trujillo o el padre Francisco Javier Castillo “Pastora” a los cuales no se les ha dado la misma atención o efusividad, ya que se trata de uno de los sacerdotes más influyentes de esta diócesis, el cual era conocido y se movía entre los círculos sociales de alta esfera tanto políticos como eclesiales, pero bueno, eso es hasta de dominio público.

Pero en esta situación hay que ir más de fondo, más allá de Córdova, más allá de Trujillo o “Pastora”, habrá que voltear a ver al Seminario, el semillero donde se han formado estos “sacerdotes”, ¿Cómo los están preparando? ¿Qué filtros existen a la hora de ingresar?

Recuerdo que una ocasión un buen sacerdote (porque los hay) recordando palabras de su formador decía: “Como seas en el seminario, serás en el presbiterio”. Entonces ellos ¿ya eran así? ¿Acaso los formadores no se dieron cuenta  de sus comportamientos en los casi 12 años de formación, si es que entran desde el seminario menor?

Si así fuere, sería de preocuparse, pero al mismo tiempo es de vital importancia para la Iglesia Potosina –sino es que en el mundo entero- de poder poner mayor atención y énfasis a la formación y selección de candidatos al sacerdocio. En la Iglesia Potosina al año se ordenan no muchos diáconos y a su vez no muchos presbíteros, pero preferible a realizar una selección exhausta y sean pocos los ordenados y buenos sacerdotes, que de 10 que se ordenen tenga que despedir a la mitad por mal testimonio de vida.

Córdova, Noé, Francisco y otros que pudiesen sumarse a la lista no es otra cosa o evidencia de la falta de atención desde el seminario a las aptitudes de los futuros pastores del rebaño.

Creo, muy en lo personal, que en la persona del obispo Carlos puede existir un factor de cambio para la Iglesia en San Luis Potosí, ya que desde que era el rector del Santuario de Guadalupe se le veía con buenos ojos por la feligresía, e incluso hasta por el clero potosino. Durante su ministerio al frente de esta diócesis, hemos visto realización de cambios y movimientos en ella, los cuales se han visto favorables, lo cual es bueno y correcto ya que en la política clerical también necesita armarse de un buen gabinete.

En cuanto a Córdova y compañía no queda más que ver que las instancias civiles realicen su trabajo apegadas a ley con justicia y conforme a derecho, según cada caso lo requiera.

Por el momento, es hora de volver a quedar con la mente en blanco.