Por: El Cronista del Ring
¿Qué tal amigos de Agenciadenoticiasslp.com?
Es un gusto saludarlos, déjenme comentarles que en esta ocasión quiero contar una historia que sucedió hace ya algunos años, ya que como el tema de moda es que el mejor luchador mexicano de la actualidad a nivel mundial se encuentra en México y estará participando en un evento de alta relevancia como es la Triplemanía XXII, y se trata de “El Patrón” Alberto del Río.
Como les decía en tiempo pasado estando yo trabajando para la empresa del promotor “El Predicador”, personaje ya mencionado en mi columna anterior.
Llegamos a San Felipe, en el estado de Guanajuato, un bello lugar que está camino de San Luis a la ciudad de León, que por cierto este sitio tiene un auditorio muy amplio, muy bonito y lleva el nombre de Gimnasio Municipal de San Felipe.
Hicimos un evento en donde en la lucha semifinal se presentaba “El Zorro”, “Blue Demon Jr” y “Máscara Sagrada”, para enfrentarse a “Espectro Jr.”, “Cadáver de Ultratumba” y su servidor.
Estábamos preparándonos a punto de iniciar la función cuando llegó un joven con mirada curiosa y algo tímido. Al verme, se me acercó y me dijo –Disculpa, ¿quién es el encargado de los vestidores? Me mandó el promotor ya que vengo a suplir a Blue Demon Jr. soy Dos Caras Jr.
Le contesté –Que bien, pues prepárate- Le señalé a sus rivales y a sus compañeros; Después de esa pequeña charla, se llegó la hora de subir al ring y la verdad que pena que no conservé al menos una fotografía de ese trío, porque si no fue su debut en la casa AAA, sí fue de sus primeras luchas dentro de esta empresa del entonces “Dos Caras Jr.”
Al inicio del combate entró “El Espectro” con “El Zorro”, el mono verde me dio el relevo y al entrar yo, tenía de frente al joven que les estoy mencionando con una estatura y una musculatura que impresionaba a cualquiera. Nos pusimos a luchar y comprobé que como digno hijo de su padre dominaba a la perfección el llaveo. Yo al verme en desventaja recurrí a las viejas mañas que como buen rudo aprendí en mi largo andar en los cuadriláteros.
Al emparejar las acciones y terminar de llavear, llegué a mi esquina pensando –Este chavo trae toda la escuela de su papá, el señor Dos Caras, al cual todo mundo conoce como el hermano del laureado luchador, Mil Máscaras y el Psicodélico, para abreviar lo sucedido en ese combate les diré que al final de la tercera caída entré como tromba a querer golpearlo y él hábilmente me esquivó y como le llamamos en la lucha libre, al torearme y rebotando en las cuerdas me aplicó unas cegadoras , que es una patada en la cintura y con el vuelo llevado al correr, cae el castigado encima de la tercera cuerda, regresando al entarimado en forma de plancha y al levantarme de una patada de media vuelta, me hizo salir por encima de la tercera cuerda. Él se subió al esquinero y de ahí se arrojó en forma de plancha hacia mí.
Al terminar la lucha, los compañeros comentaban en forma de broma que al verlo yo lanzarse de la tercera cuerda mis orejas se erizaron por la impresión, ya que el Hércules potosino no es de talla chica, sino era y sigue siendo un auténtico roble.
La lucha la ganaron los técnicos pero me dejó contento porque fue un buen espectáculo para el público. ¿Quién lo iba a decir que este novel gladiador iba a convertirse al paso de los años como uno de los mejores luchadores del mundo?, y me atrevo a asegurar con todo respeto que él es el número uno. De haberlo sabido me hubiese tomado cientos de fotos.
Alberto del Río o Dos Caras Jr., lo que ha logrado no ha sido fácil. Picó piedra como cualquier novato y hoy se puede decir que ese sacrificio, esa disciplina y sobretodo el dominio perfecto del inglés alternado con sus cualidades luchísticas lo tienen hoy por hoy en la cima del mundo. Me queda la satisfacción de haber luchado con él en sus inicios, sé que ni mis nietos me lo van a creer pero así fue.
Otra historia que les voy a contar es de otro personaje que también está en la cumbre luchística del país, al término de lo narrado les voy a dar su nombre. La historia comenzó cuando yo me encontraba haciendo mis labores cotidianas, me llamó el entonces promotor de la AAA en San Luis, el predicador, para decirme que había legado un joven que era hijo de un buen amigo como lo era Juan Conrado Aguilar, mejor conocido como el Texano, que en gloria esté, y que quería que lo atendiera, llevándolo al gimnasio y que él se iba a quedar unos días porque iba a luchar el fin de semana con nosotros, y por cierto en esa lucha fue mi compañero. Él traía por nombre de batalla como “Kempo Kid”. Este joven también llegó con su cara de casi un niño y la campaña que hizo con nosotros le sirvió para madurar un poco como luchador profesional.
En varias ocasiones fue mi pareja, otras en contra, y después con el tiempo picando piedra aquí y allá, entró al CMLL y con la escuela de su señor padre, que por cierto el Texano mayor, fue de los mejores gladiadores que han existido en la historia de la lucha libre mexicana, pero bueno, ésa es otra historia. El Texano Jr. en esta empresa se hizo estrella y cuando él creyó que su ciclo había terminado emigró a la casa AAA y aquí se convirtió en una de las grandes estrellas y de los llamados caballos de batalla, por su entrega, carisma y capacidad. Y como lo señalé en líneas arriba, quien lo iba a decir, que estos dos jóvenes tanto Dos Caras Jr. o Alberto del Rio como el Texano Jr. que por cierto es el Mega Campeón AAA que conocí en sus inicios estarían estelarizando el máximo evento que año con año tiene la empresa AAA llamado la Triplemanía XXII.
Estimados amigos, anécdotas como esta es la que nos deja a muchos que no logramos llegar al estrellato luchístico por las circunstancias que sean, pero la verdad estas vivencias y los recuerdos son los que le mantienen a uno el gusto por este bello deporte llamado lucha libre. Esperemos que la gran fiesta que tendrá la caravana estelar AAA, este domingo 17 de agosto en la arena ciudad de México de la capital de la república sea todo un éxito.
Me despido de ustedes, espero volver a estar en contacto y contarles lo que este servidor humildemente vivió durante treinta años en el maravilloso mundo de la lucha libre.



