Fotos y Texto: José González Hernández
Un claro y vivo ejemplo de la ciudadanía puede lograr con su participación se relaciona con todas las acciones que se dieron en torno a la cruel matanza del 2 de Enero de 1946.
Al celebrar este día el 69 Aniversario de esos sucesos tan lamentables de los mártires del 2 de Enero, la lucha por la democracia aun esta vigente esta unida y debe continuar ese homenaje a esos mártires que marcaron nuestra historia.
Nunca la sangre de los mártires se ha regado en vano. Tarde o temprano surgen los correspondientes frutos por los que se da la vida y no dudamos que hoy, entre los leoneses renace con nuevos bríos, con renovada fuerza vital la democracia participativa que incide acciones en las acciones de gobierno para la realización del bien común para todos.
2 de Enero de 1946.
Las Puertas del Palacio Municipal se cerraron violentamente y en forma simultánea se oyó una fuerte detonación como cohetazo. Segundos después una lluvia de máuser que continuó con el tableteo ensordecedor de las ametralladoras, Vómito enloquecedor que parte del Palacio y su azotea.
La multitud inerme huye despavorida; pánico, confusión, tropezones, Trata la gente precipitadamente de escudarse con las bancas de fierro, con los árboles, el kiosko; gritos de pánico de indignación imponente; Mujeres enloquecidas, ayes de dolor, estertores de agonía. Luego trozos de silencio aterrador interrumpido por el rastrear de hombres, mujeres y niños quejumbrosos; gritos aislados, murmullos temerosos de los agazapados.
La gente, asustada, corría atropelladamente rumbo al Santuario, los soldados los seguían y les disparaban inmisericordes.
Hombres valientes, mujeres desesperadas, acuden a auxiliar a los caídos: levantan heridos y ayudan a bien morir a los agonizantes; se oye el musitar trémulo; emocionado. “ Padre nuestro que estás en el cielo”….
Fue el noble y valeroso pueblo de León que como una sola alma se había decidido, a finales de 1945, a despertar su postración cívico política al pueblo de Guanajuato y a todo México, el que era masacrado, la noche del 2 de Enero de 1946 por las Fuerzas Federales, porque tuvo la osadía de rebelarse ante otro fraude electoral y de indignarse ante la imposición que el Gobernador había hecho de un Presidente Municipal que los ciudadanos no habían elegido.
León era una ciudad de más de 100 mil habitantes, puntualísimos pagadores de impuestos, que no tenían agua potable, ni alcantarillas, ni pisos en las calles, ni buen alumbrado, ni policía eficaz, ni hospitales bastantes, ni escuelas, ni otros servicios públicos indispensables.


