PAPA FRANCISCO EN MÉXICO (Primera Parte)

Luis Mejia MENTE EN BLACO OK

Que tal querido lector, les saludo muy cordialmente con el gusto de siempre.

En días recientes tuvimos la fortuna de recibir en nuestro país al Papa Francisco, jefe del Estado Vaticano, Cabeza de la Iglesia Católica, pero sobre todo guía espiritual de millones de mexicanos.

Visita con muchas miradas puestas, no sólo por parte de los fieles católicos, sino también de los grupos políticos del país, de aquellos que no profesan la fe católica, de aquellos radicalistas de la izquierda que esperaban el mínimo tropiezo del Papa o del gobierno mexicano, pero también la mirada de muchos en el mundo.

Vino Jorge Mario Bergoglio, primer Papa de la historia en ser latinoamericano, un Papa enamorado de la Virgen María de Guadalupe, un Papa amigo, humano, que escucha, pero sensible a la situación de cada ser humano.

Una visita que duró seis días, del 12 al 17 de febrero. El sábado 13 de febrero se convirtió en el primer Pontífice de la Iglesia Católica en ingresar a Palacio Nacional, en ser recibido oficialmente como jefe de Estado en dicho recinto.

Durante su primer mensaje en México dejó ver las siguientes frases importantes:

“Hoy vengo como misionero de misericordia y paz pero también como hijo que quiere rendir homenaje a su madre, la Virgen de Guadalupe, y dejarse mirar por ella. México es un gran País. Pienso, y me animo a decir, que la principal riqueza de México hoy tiene rostro joven; sí, son sus jóvenes.”

“La experiencia nos demuestra que cada vez que buscamos el camino del privilegio o beneficio de unos pocos en detrimento del bien de todos, tarde o temprano, la vida en sociedad se vuelve un terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión de las culturas diferentes, la violencia e incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte, causando sufrimiento y frenando el desarrollo.”

Tres puntos fundamentales, en el primero se muestra como un peregrino más que viene a ponerse a los pies de la Morenita del Tepeyac a ofrecer su oración por los mexicanos. En el segundo punto nos indica que la riqueza de México, y me atrevería a afirmar que del mundo entero, son los jóvenes, es un llamado a las autoridades a quienes rigen el destino de los pueblos, que volteen a verlos como el mayor tesoro que tiene la Nación y que no sean corrompidos por los malos manejos de la autoridad misma. Y el tercer punto, que no podía faltar, una breve llamada de atención a todos los políticos del país, donde se debe privilegiar la búsqueda del bien común, para no dar pié al crecimiento de malas conductas en la vida de sociedad y por así luchar por la erradicación de las mismas.

Otros momentos importantes fueron su reunión con el Episcopado mexicano en la Catedral de la Ciudad de México y el más esperado por Él, fue el estar delante de la Virgen de Guadalupe en su casita del Tepeyac. En el primero les dijo, como padre y como pastor:

“…los exhorto a conservar la comunión y la unidad entre ustedes. Esto es esencial hermanos, esto no está en el texto pero me sale ahora: si tienen que pelearse, peléense, si tienen que decirse cosas, se las digan, pero como hombres, en la cara y como hombres de Dios, que después van a rezar juntos, a discernir juntos y si se pasaron de la raya, a pedirse perdón pero mantengan la unidad del cuerpo episcopal. La comunión es la forma vital de la Iglesia y la unidad de sus Pastores da prueba de su veracidad. México, y su vasta y multiforme Iglesia, tienen necesidad de Obispos servidores y custodios de la unidad edificada sobre la Palabra del Señor, alimentada con su Cuerpo y guiada por su Espíritu, que es el aliento vital de la Iglesia. No se necesitan «príncipes», sino una comunidad de testigos del Señor.

En este momento, habla a sus hermanos obispos, pero también les habla como jefe de la Iglesia, los invita a la unidad, pero no a una unidad fingida, sino sincera entre ellos, pero sobre todo les recuerda su origen y esencia como obispos, que es la custodia de la Palabra de Dios, custodia edificada en Cristo y sostenida por su Espíritu, por último hace énfasis en decirles, no son Príncipes sino Testigos de Cristo.

Y en Basílica de Guadalupe:

“Al venir a este Santuario nos puede pasar lo mismo que le pasó a Juan Diego. Mirar a la Madre desde nuestros dolores, miedos, desesperaciones, tristezas y decirle: Madre, ¿Qué puedo aportar yo si no soy un letrado?». Miramos a la madre con ojos que dicen: son tantas las situaciones que nos quitan la fuerza, que hacen sentir que no hay espacio para la esperanza, para el cambio, para la transformación. Y en silencio le decimos lo que nos venga al corazón ¿Acaso no soy yo tu madre? ¿Acaso no estoy yo aquí?, nos vuelve a decir María. Anda a construir mi santuario, ayúdame a levantar la vida de mis hijos, que son tus hermanos.”

El momento más emotivo para Él y por el cual había anhelado asistir a México, el encuentro con la Señora del Tepeyac, dejarnos acoger por Ella, dejarnos consentir por Ella como nuestra Madre, contribuir al trabajo social y espiritual de cada uno de nuestros hermanos. Y su momento de oración y encuentro con Ella, donde seguramente pidió por usted, por mí y por cada uno de los mexicanos.

Para finalizar esta primera parte de la visita del Papa Francisco en México, el domingo 14, la misa multitudinaria en Ecatepec, Estado de México y su encuentro con los niños del hospital pediátrico “Federico Gómez”.

En Ecatepec dijo: “Este tiempo de Cuaresma es un buen momento para recuperar la alegría y la esperanza que hace sentirnos hijos amados del Padre. Este Padre que nos espera para sacarnos las ropas del cansancio, de la apatía, de la desconfianza y así vestirnos con la dignidad que solo un verdadero padre o madre sabe darle a sus hijos, las vestimentas que nacen de la ternura y del amor.”

Efectivamente Francisco llega en tiempo de Cuaresma a nuestra tierra, y parecería lógico hablar de la conversión, pero hace un llamado a la conversión en un Estado que ha sido golpeado por la violencia, por los feminicidios, por la inseguridad y lo hace a todo el país, donde esta conversión no sólo debe de darse por el tiempo litúrgico de la cuaresma sino debe de resonar en cada corazón cada día del año.

En su encuentro con los niños del hospital pediátrico “Federico Gómez” dijo: “Quiero pedirle a Dios que los bendiga, los acompañe a ustedes y a sus familias, a todas las personas que trabajan en esta casa y buscan que esas sonrisas sigan creciendo cada día. A todas las personas que no sólo con medicamentos sino con «la CARIÑOTERAPIA» ayudan a que este tiempo sea vivido con mayor alegría.”

Fue uno de los momentos más emotivos de su visita pastoral, donde convivió con los niños, oró por ellos, los abrazó, los besó pero sobre todo los escuchó y aplicó con gran ejemplo, la palabra con la que yo me quedo resonando y a la que he hecho más hincapié: CARIÑOTERAPIA. Puesto que considero que no sólo a los enfermos habría que aplicarla, sino a todos y cada uno de nuestros semejantes, a nuestros amigos, conocido y enemigos.

Una visita marcada también por la oración con cada grupo de personas con las que se reunía y pedía orar por las familias, por los amigos, por los enemigos, pero un Papa que con toda humildad pedía oráramos por Él.

 Por el momento, es hora de volver a quedar con la mente en blanco.