
Por: Everardo González
Con todos menos conmigo… eso ha de pensar la delincuencia de los jefes policiacos de San Luis Potosí, mismos que se mantienen con toda frescura en sus sillones amparados por la creencia del Gobernador Juan Manuel Carreras López, y es que mire usted, mientras ayer de nueva cuenta las calles de la capital potosina se teñían de sangre, el titular de la Secretaría de Seguridad Pública, el federalete Jaime Pinea Arteaga, se la pasaba de lo lindo disfrutando las canciones de los Timbiriches, en el Palenque de la Fenapo, rodeado de guardaespaldas y un buen número de elementos estatales, obligados a cuidar a sus jefes en lugar de hacerlo por la ciudadanía.
Sino es ahora… y es que hay que disfrutar que por el momento, pensarán los titulares de la seguridad en el estado, el divertirse a lo grande a costillas de la seguridad de los potosinos, ahorita, que tienen hueso, luego quién sabe que les deparará el destino, y es que los tránsitos de carretera ahora “jefecillos” Jaime Pineda Arteaga y el insufrible Raúl Alanís Todas Mías Beltrán, aprovechan cualquier ocasión que les permita lucirse ante la sociedad, ya sea en fiestas, reuniones, juntas, eventos, presentaciones, etcétera, mientras que los que se la rifan de verdad, es decir, los policías de verdad y de a pie, se las ven negras para tratar de sobrellevar la seguridad del estado. No lo decimos nosotros, lo dicen las cifras diarias de ejecutados a cualquier hora y en cualquier lugar del estado, así, sin miramientos de edad y de sexo. Sangre diaria pues, como alimento a la maldad que carcome a los ciudadanos.
Yo no sé si es amor, pero yo creo que sí… y es que definitivamente el Gobernador del Estado, Juan Manuel Carreras López, de verdad ha de amar la ineficiencia de los funcionarios que le ven la cara diariamente. Atolondrados, mentirosos, ensimismados, llenos de autoelogios, los funcionarios carreristas, sobre todo los que tienen que ver con la seguridad, le ven la cara al gobernador con cifras infladas, recicladas y más falsas que el nuevo sistema de justicia penal. Ha de ser amor lo que los mantiene en el puesto, porque eficiencia, lo dudamos.
Muriendo lento… hay sin embargo, voces en los pasillos de Palacio de Gobierno, que aseguran que discretamente, el Gobernador del Estado ya respingó y está buscando perfiles para sacar a patadas al par de federaletes de la SSPE, y poner en su lugar a funcionarios con al menos un poco más de capacidad (menos sed de la mala y menos adicción al amor de secretarias). Esperemos que sea verdad, la entidad potosina está en riesgo profundo de convertirse en un Estado Fallido.
Soy un desastre… Es que gracias a la nula capacidad operativa de los federaletes, más dedicados a sí mismos que a la seguridad, el estado potosino se encuentra sumido en el miedo. Feminicidios, homicidios, ejecuciones, asaltos violentos, trasiego de drogas, desapariciones forzadas, agresiones a periodistas, funcionarios que roban a mansalva, una Fiscalía que ni va ni viene sino todo lo contrario, un Congreso roto de origen y de fin, etcétera, definitivamente, un desastre. Y es que sino hay quien gobierne y ponga un alto…
La vida es mejor cantando… por mientras, Jaime Pineda se la pasó de lo hermoso cantando y coreando a los Timbiriches mientras la noche potosina se sumió en sangre. Total, ni quién le diga nada. Y aunque es justo reconocer que todo mundo tiene derecho a divertirse, hay puestos que por su importancia, deben ser primero que la risa y la jocosidad mundana. Al menos, ya de perdido, estaría padre que mínimo el federalete hubiera puesto cara de preocupación mientras admiraba a los cantantes. Pero no, cuentan sus vecinos de silla (entre los que se encontraba su inseparable compañero de relajitos, el presidente del Poder Judicial del Estado, Juan Paulo Almazán Cué), que el federalete Pineda sólo se dedicó a beber y a cantar.
Qué feo que sean así. Por último les recuerdo que no tomo, no me drogo ni con aspirina, no tengo nexos con ningún grupo criminal, ni siquiera con el Tekmol y su burro bailarín y ni siquiera me sé las canciones de Timbiriche.


