21 julio, 2026

¿Me oyen? ¿Me escuchan? ¿Me sienten?: Pineda

24 agosto, 2018

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Si algo bueno le ha dejado San Luis Potosí al pseudo secretario de Seguridad, el federalete Jaime Pineda Arteaga, además de su sueldo y privilegios, ha sido sin duda su conocimiento perfecto acerca del ambiente musical y de la artisteada, gracias a que no le falla al movimiento pop del palenque de la Fenapo.

Sin duda alguna, ayer fue la cúspide de su carrera al dar una “rueda de prensa” (así, con comillas) en la que sólo le faltó emular a la cantantilla Thalía con su despapaye del  ¿Me oyen? ¿Me escuchan? ¿Me sienten?

Y es que ahí le va: tras unos cuantos ejecutados, unos cuantos robos, unos cuantos asaltos con violencia, con unas cuantas balaceras… Jaime Pineda Arteaga alias “El Secre”, de verdad se cree sus propias mentiras al considerar que San Luis Potosí no está tan gachito como otros estados del país.

Ah bueno, menos mal, sino imagínese que sería de nosotros los potosinos que ya nos sabemos si arriesgarnos a buscar unas manteconchas a la panadería, con el riesgo de que nos asalten, nos maten o mínimo nos bajen la feria para tan delicioso bocado engordador.

Ayer Palacio de Gobierno sufrió en sus cimientos la ira del gobernador Juan Manuel Carreras, quien según testigos, le puso una regañiza a su empleado encargado de la seguridad estatal, por los “detallitos” de inseguridad, como el asalto a plena luz del día en las espaldas del propio Palacio de Gobierno, sin que la cacareada coordinación y actuación inmediata de la policía estatal, presumida todos los días por los federaletes Pineda y el Todas Mías Alanís (este último, por si no lo sabe, es el dizque director de la DGSPE, quien ayer dejó solito a su patrón ante la ira del gobernador).

Fue desde temprana hora que el gobernador demandó la presencia del federalete Pineda, para aclarar que onda con la seguridad, porque desde el asalto a espaldas de Palacio, nadie quiso, supo o se dignó a dar la cara. En el inter, aparte del asalto, les dejaron un ejecutado a espaldas de la Ministerial, y se registraron otros asaltos a mano armada, entre ellos, a una sucursal de los chocolates Constanzo, amén de asaltos a transeúntes, negocios pequeños y vaya usted a saber qué más.

En resumidas cuentas, Juan Manuel Carreras descargó su enojo contra Pineda, aunque también estuvieron presentes el fiscal carnal Federico Garza Herrera, y el director de la Ministerial, José Guadalupe Castillo Celestino. Total, que a todos les cantaron el tiro gubernamental de que se aplican o se aplican.

Curiosamente, Pineda al tratar de defender su clara ineptitud, por la mañana acudió a un medio de comunicación en el que culpó de todo lo malo que pasa a la Policía Municipal, como si su propia corporación estuviera casi casi siendo obligada a dar seguridad que no le corresponde dar. No pos sí.

Tras una reunión de varias horas, el primero en salir (muy sonriente y saludador, suponemos que porque fue el menos regañado o el de piel más gruesa), fue Castillo Celestino. Momentos más tarde, salió un fiscal con cara de yo no fui, quien de plano no supo contestarle a los reporteros de la fuente ni la O por lo redondo, es decir, dice que se investiga, pero que la secrecía, que si los avances, que si las mangas del chaleco. Total, nada nadita.

El que ya de plano no pudo ocultar su molestia fue el federalete Pineda, quien aconsejado (dícese obligado) por la autoridad de gobierno tuvo que dar una dizque rueda de prensa donde además de tartamudear incoherencias,  anunció un mega operativo de trabajo (sepa la bola que será eso porque es obvio que se lo sacó de la manga) en la que ahora sí (jaja) brindará seguridad en el estado.

En la dichosa rueda de prensa, de escasos dos minutos, no menos, como cinco, un reportero le recetó el recordatorio de que el federalete se ha parado a dar varias ruedas de prensa donde asegura que ahora sí, que ya se va a poner a trabajar, lo cual causó falta de aire en los pulmones de Pineda y ya no supo ni qué contestar.

Más burla a los medios y a la sociedad que rueda de prensa, el federalete tuvo que regresar a la oficina del gobernador a seguir aguantando el regaño durante una hora más. Algunos pacientes reporteros esperaron a Pineda, quien más a fuerza que de ganas, tartamudeó respuestas sin sentido sobre la seguridad, ahí, de plano, le salió lo Thalía al ser cuestionado sobre el tema, al reponderle a un reportero que preguntaba que no ha aumentado la inseguridad, sino la percepción de la gente sobre la misma.

El reportero, al preguntar sobre si San Luis era seguro, fue respondido con un “¿cómo te sientes tu?”. Nombre, un genio el federalete.

Y es que tal parece que está empecinado en faltar a las virtudes de la Policía Federal de la que presume ser parte, con su lema Honestidad, Disciplina, Inteligencia, Jaime Pineda demuestra todo lo contrario al creerse y tratar de hacer creer que San Luis Potosí es seguro. Ja y más Ja.

Aunque quizá salga algo bueno de todo el relajito en Palacio, pues fuertemente y rápido corrió el rumor de que para salvar su pellejo, Pineda va a sacrificar al inepto e inexistente Raúl todas mías Alanís, quien lo único que sabe es encerrarse en su oficina a disfrutar las mieles de la ineptitud, de sus amantes y a seguir inflando la panza.

Desde este espacio, esperamos que el gobernador del Estado de verdad ya esté preocupado y que ese enojo le dure, porque peor se ve mentando madres y manteniendo a los federaletes en la SSPE que, hipotéticamente, reconociendo que sí, la regó, ni modo, a cambiar a estos fulanos y buscar verdaderos policías y no tránsitos de carretera.

Y no. Definitivamente la percepción ciudadana no ha crecido de a gratis, estamos en un estado inseguro, peligroso, así de simple. Donde la tranquilidad ni se oye, ni se escucha ni se siente como quiere hacer creer Pineda Arteaga a la población y al Gobernador Juan Manuel Carreras.

Le recuerdo: no fumo, no tomo, no me drogo, no me junto con Tekmol y sus ondas zoofilicas, no pertenezco a ningún grupo maloso y mucho menos como manteconchas porque me da miedo ir a la panadería con el riesgo que me asalten.

NOS APEGAMOS AL ARTÍCULO SEXTO CONSTITUCIONAL