La cruda de la fiesta carrerista


Por: Everardo González Castanedo

Traje, lentejuelas, sonrisas a diestra y siniestra, los saludos, los besitos cacheteros, las risas nerviosas, tal cual como en una fiesta fue lo que vivieron los burócratas estatales y la hermosa fiesta de cóctel preparada por los diputados para el gobernador Juan Manuel Carreras.

Dicha fiesta, llamada malamente comparecencia, tuvo de todo aunque no pasó absolutamente nada. Preguntas a modo, respuestas a modo, todo (y valga la rima y la redundancia) quedó a modo de los buenos modales.

Los potosinos, como siempre esperanzados de que algo llegué y sacuda para bien la hueva oficial, vimos por los medios y algunos en vivo la lisonja legislativa al Ejecutivo, sin embargo, al final no vimos nada.

¿Y ahora qué? ¿qué pasó ayer? Esas son las preguntas que vivimos los potosinos tras la romántica fiesta de la comparecencia.

Así como se ponen al día siguiente los que toman, esos, a los que les ataca la cruda moral, social, física y mental, así andamos los potosinos, vulgarmente, sacados de onda porque no supimos ni de qué demonios sirvió la mentada comparecencia.

Sin duda el tema de dicha fiestecilla fue la manoseada inseguridad, de la cual se habló mucho pero se dijo poco. Lamentablemente con o sin comparecencia, las cosas parecen seguir igual o peor que antes. Asaltos ya hasta coordinados a las mismas horas en los negocios, muertitos por aquí y por allá, personas tirando balazos en las colonias, robos domiciliarios, abusos, violaciones, funcionarios disfuncionales agarrando lo que pueden (dicen que antes de la debacle que causará la nueva ley de remuneraciones para servidores públicos, tema que tocaremos en otra metiche opinión como esta), en fin, todo mundo haciendo lo preciso para joder al vecino y dejándonos a los potosinos encuerados, con frío y con miedo.

Muchos periodistas han gastado horas en escribir y describir lo sucedido en la mentada comparecencia, sin embargo, pocos nos hemos preguntado ¿y ahora qué carajos?

Ya lo dejó claro Juan Manuel Carreras: denle chance al fiscal y al secretario de seguridad, total. Ni siquiera las “puntuales” preguntas de diputados como Edgardo o el famoso Mijis, que antes que nada le aplaudieron y le agradecieron casi casi con reverencia su presencia en su local comercial, pudieron cambiar un ápice el discurso oficial “andamos trabajando, no problem, como quiera en otros estados tan peor que nosotros, así que no pasa nacha”. (así de profundo nuestro gobernador)

Hasta el encorajinado Diputado Mijis que salió alegándole a los medios que fuchi fuchi la comparecencia, tuvo la oportunidad de amarrarse los pantalones y fajarse la playera para decirle en su cara sus verdades al gobernador… pero por no ¿pá qué veda? Esperemos que en sus próximas presentaciones en medios nacionales y documentales del niño banda que se convirtió en diputado, al menos trate de demostrar que lo hizo por mérito propio y no nada más para llenar la plantilla plural que exigía Morena para sus chamacos. (ojo asesores del Mijis, lo están llevando de la manita directito al repudio social).

Pero, volvamos al asunto ¿ahora qué?. Ya compareció el secretario Pineda, ya compareció el Fiscal Federico, ya compareció el Gober Carreras ¿y luego qué? ¿le hacemos un mole a los diputados por hacernos perder el tiempo? ¿les agradecemos con unas frías a los funcionarios estatales por lamernos los oídos? O ya de plano vamos a esperar a que los diputados se llamen a comparecer entre ellos?

La manga. Así de simple, seguimos y seguiremos inmersos en la popocita oficial y en la inseguridad hasta que alguien se decida a actuar. Así de simple.

Los periodistas que hemos sido amenazados seguiremos en riesgo; los ciudadanos seguiremos en riesgo; el comercio seguirá en riesgo; las arcas públicas seguirán en riesgo; el futuro del estado seguirá en riesgo.

Nos está cargando la jodida y estos cuates todavía quieren que les aplaudamos. Neta, no jodan.

Disculpe usted la columna tan sombría y deprimente, pero hay veces que ya no se encuentra como explicar tanta idiotez oficial.

Le recuerdo, no tomo, no fumo, no me drogo.

Sigo amenazado y con temor de una desaparición orquestada desde la propia autoridad.

No me junto con el Mijis, ni con el Tekmol que se quedó con su narizota y con ganas de bailar con un burro en la fiesta de Carreras y los diputados.

No soy vocero de ningún grupo delictivo, ni partidista

No he descartado (al igual que muchos mexicanos) unirme a la caravana migrante para que al menos me reconozcan mis derechos humanos.

Con gusto respondo:
@Srdeportes