“Si me matan, sacaré los brazos de la tumba y seré más fuerte” ¡Ni una asesinada más!”

Ángel Castillo Torres.

Fueron ahorcadas y golpeadas. Luego arrojadas a un barranco dentro de su propio vehículo. Sus asesinos hicieron esto para que se pensara que había sido un accidente.

María Teresa, Minerva y Patria Mirabal, conocidas como “Las Mariposas”, fueron víctimas de un asesinato de Estado ordenado por el entonces dictador de República Dominicana, Leonidas Trujillo. Sucedió en la república Dominicana un 25 de noviembre de 1960.

Este trágico acontecimiento fue el que llevó a  la Asamblea General de las Naciones Unidas, en diciembre de 1993, a decretar el 25 de noviembre como el día internacional de lucha contra la eliminación de la violencia contra las mujeres.  Fecha en la que se confirma el compromiso para que las mujeres del mundo puedan gozar de igualdad, seguridad, libertad, integridad y dignidad a que tienen derecho todos los seres humanos.

“Si me matan, sacaré los brazos de la tumba y seré más fuerte” decía Minerva Mirabal cuando le advertían que el dictador Trujillo preparaba un atentado mortal contra ellas, las valientes “Mariposas”.

Las hermanas Mirabal fueron activistas comprometidas que lucharon contra el despotismo de Trujillo. Al morir tenían entre 26 y 36 años de edad. Eran universitarias y madres de familia. Su cobarde asesinato aquel 25 de noviembre dejó en la orfandad a cinco chiquillos. Desde entonces su sacrificio se convirtió en emblema de la No Violencia contra las mujeres.

El mandato.

El actual Secretario de la ONU, el portugués António Manuel de Oliveira Guterres ha dicho que: “hasta que las mujeres y las niñas, que constituyen la mitad de la humanidad, vivan sin miedo, sin violencia y sin inseguridad diaria, no podremos afirmar realmente que vivimos en un mundo justo y equitativo.”

Por eso el pasado 25 de noviembre, como cada año, fuimos testigos de la realización de jornadas de reflexión y crítica, actos de protesta y de simbolismo valiente para echar en cara a la sociedad que lamentablemente se siguen cometiendo miles de actos de violencia contra las mujeres en el mundo.

La Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la mujer emitida por la Asamblea General de la ONU en 1993, define la violencia contra la mujer como “todo acto de violencia que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o sicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada.”

La violencia contra mujeres y niñas sigue siendo una práctica cotidiana en nuestra sociedad. Una violación de derechos humanos extendida, persistente y devastadora. Esta violencia se manifiesta de múltiples maneras: en forma física, verbal, simbólica, psicológica y sexual.

Es practicada por la pareja o compañero sentimental y también por muchos hombres que ven a las mujeres como seres inferiores. La violencia se vive a través de maltrato psicológico, violencia física, violación conyugal y en casos extremos en feminicidios. La observamos también a través de insinuaciones sexuales no deseadas, abuso sexual infantil, matrimonio forzado, acecho, acoso callejero y acoso cibernético.

En nuestro país.

En los últimos 32 años en México se han cometido 52 mil 210 feminicidios según un informe de la Secretaría de Gobernación. Un reporte más reciente afirma que de 2015 a 2017 las procuradurías estatales han abierto 1,640 carpetas de investigación por el delito de feminicidio. Estas estadísticas comprueban que los esfuerzos gubernamentales para atender la violencia feminicida han fracasado.

En lo que a nuestro estado concierne la violencia de género no cesa. Su expresión más dramática son los 53 feminicidios ocurrido en este año.

Con justa razón los grupos de feministas locales y las familias de las víctimas se expresaron con bravura el pasado 25 de noviembre exigiendo “¡Ni una más! ¡Ni una asesinada más!”, ¡Detengan la ola de asesinatos!

En San Luis Potosí se cometieron en 2015 siete feminicidios, en 2016 once, 18 en 2017 y en este año que está por concluir ya se registran 53 muertes violentas de mujeres. No todos los casos han sido calificados como feminicidios, solo 28, pero esto no debe ser consuelo o justificación como pretende la Fiscalía General.  La realidad dura y cruda es que en nuestro estado se está matando de forma inhumana a las mujeres.

Ocupamos el vergonzoso 5o. lugar nacional en feminicidios según lo declaró el subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración de la Secretaría de Gobernación, Alejandro Encinas durante el Foro Ciudadano por la Reconciliación y la No Violencia realizado en el Colegio de San Luis el pasado 12 de octubre.

De poco o nada ha servido la Declaratoria de Alerta de Género que fue promulgada para nuestro estado desde el 21 de junio del 2017 y que incluyó a los municipios de San Luis Potosí, Tamazunchale, Ciudad Valles, Tamuín, Soledad de Graciano Sánchez y Matehuala. La muerte violenta de mujeres sigue imparable y las autoridades han sido incapaces de aplacar la tragedia.

Incomprendidas y estigmatizadas por sus tácticas de lucha las feministas tienen razón cuando exigen: “Queremos justicia y queremos que cese la violencia en contra de las mujeres en el estado de San Luis Potosí. Cada vez se ve un incremento mayor de la violencia, lo podemos ver en las  estadísticas de los feminicidios que van en aumento, pero también tenemos mucha violencia sexual. Ante la ola creciente de feminicidios, la exigencia de seguridad en las calles, justicia para las víctimas, respuestas para las madres de niñas y mujeres desaparecidas, además de la implementación efectiva de la Alerta de Género hace necesario que ya tengamos resultados palpables”.

El reclamo es justo. Las autoridades estatales y municipales tienen la palabra y una gran deuda con la sociedad y con las familias de las mujeres victimadas. Por ello seguirá retumbando en todo el país y en nuestro estado el grito: “¡Ni una más!”