El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha intensificado la tensión comercial con Canadá al anunciar que, a partir del 12 de marzo, su administración implementará un arancel adicional del 25% sobre todo el acero y el aluminio que llegue desde el país vecino. Con esta medida, el gravamen total a estos productos alcanzará un 50%.
La decisión se da en respuesta a los aumentos en los precios de la electricidad impuestos por el gobierno de Ontario sobre las exportaciones hacia EE. UU., algo que Trump calificó de «abuso». El presidente estadounidense no solo ha amenazado con aplicar más aranceles, sino que dejó claro que, si Canadá no elimina los aranceles sobre productos lácteos estadounidenses, tomará medidas que podrían «cerrar permanentemente el negocio de fabricación de automóviles en Canadá». «Esos autos pueden ser fácilmente hechos en Estados Unidos», aseveró Trump.
Trump no se limitó a las amenazas comerciales, sino que volvió a manifestar su interés por una posible anexión de Canadá a Estados Unidos, sugiriendo que este sería el único camino sensato para resolver los problemas arancelarios y económicos. «Estamos subsidiando a Canadá por más de 200 billones de dólares al año. ¿Por qué? Esto no puede continuar», afirmó.
En su declaración, el mandatario estadounidense insistió en que la conversión de Canadá en el «estado 51» de EE. UU. permitiría la eliminación de los aranceles, la reducción de impuestos y una mayor seguridad para los canadienses. A su juicio, esta unión haría a ambos países «la nación más poderosa del mundo», una nación «más grande, mejor y fuerte que nunca».
Trump cerró su mensaje con una afirmación rotunda: «La línea artificial de separación dibujada hace muchos años finalmente desaparecerá, y seremos la nación más segura y bella en el mundo. Y su brillante himno ‘Oh Canadá’ continuará sonando, pero representaría un GRAN y PODEROSO ESTADO», concluyó.
La medida amenaza con empeorar aún más las relaciones comerciales entre ambos países, quienes han sido socios comerciales cercanos durante décadas, especialmente bajo el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), reemplazado por el T-MEC en 2020. Este anuncio añade incertidumbre sobre el futuro de las relaciones entre Estados Unidos y Canadá en un contexto de creciente nacionalismo económico.


