Una mujer harta de sufrir vejaciones por parte de su «otra mitad», al final decidió denunciarlo formalmente ante las autoridades ministeriales, sin embargo, parece ser que la sanción es irrisoria si se considera todo el sufrimiento que padeció
Está claro que las paredes son el escondite perfecto para que la violencia familiar se mantenga impune por muchos años. Así le sucedió a Lucy, nombre ficticio para guardar la identidad de una mujer capitalina y madre de una niña de dos años de edad que vivió para narrar su paso por el infierno.
Desde los 18 años mantuvo una relación de concubinato con su pareja, en el domicilio ubicado en la colonia La Campiña, al oriente de la capital. Todos los días era lo mismo: agresiones, golpes, maldiciones y humillaciones, sin embargo, lo peor estaba por venir.
A principios de junio del 2020 aproximadamente a las 14:00 horas, el acusado le exigió le diera dinero para continuar comprando bebidas embriagantes y metanfetaminas, pero ante la negativa el sujeto le recriminó no sabía administrar el dinero; enseguida la comenzó a jalar del cabello y la empujo hacia atrás.
Lucy intentó salir de la vivienda, por lo el agresor otra vez la sujetó nuevamente del cabello y le dijo «a dónde vas pendeja (sic), tú eres mía y aquí te vas a quedar, cierra la puerta». Entonces él cerró la puerta de la casa y comenzó a golpearla con la mano en diversas partes del cuerpo. A pesar que gritaba pidiendo ayuda, le dijo:
«Cállate, guarda silencio, fijate en un espejo, así quieres estar, fijate como te ves, te puedo dejar peor (…) si mandé a la chingada a la mamá de mi niña y casi la mato, que no lo pueda hacer contigo, estas bien estúpida (sic)».
Enseguida el agresor se retiró del domicilio, pero cerró la puerta con llave para evitar que saliera; por lo que alrededor de las 19:00 horas, de ese mismo día regresó exigiéndole que le diera de comer, demanda que atendió para no discutir.
Minutos más tarde sobrevino el terror, pues se le acercó y le rodeó una cuerda de una mochila al cuello para jalarla a la cam y abusar sexualmente de ella. «Si tú te largas, te voy a matar y a enterrar donde nadie te encuentre a ti y a tú hija», le dijo el sujeto drogado y alcoholizado.
Después de esa noche recurrió a la Fiscalía General del Estado (FGE), donde se levantó una carpeta de investigación por violencia familiar, violación y privación ilegal de la libertad.
Contexto doloroso
El dictamen y evaluación psicológica victimal, reveló que correspondía a una mujer con una hija de 2 años que procreó con una pareja anterior, y de la cual se había separado y que desde entonces había unido su vida al hoy acusado.
Se fue a los dos o tres meses de que estuvo viviendo con él, había quedado embarazada, sin embargo, había abortado muy pronto. Él es un hombre muy celoso, la controlaba, que no le permitía salir con nadie, incluso no la dejaba salir a visitar a su familia, a sus padres, a su madre.
No conforme con todo eso, él no trabajaba, por eso debía de tener un trabajo, porque no le aportaba nada para la manutención, y todo eso era muy frecuente que sucediera.
Poca justicia
Luego de realizar la indagatoria, el Ministerio Público presentó y recopiló las pruebas ante el Poder Judicial del Estado (PJE), por los delitos imputados, no obstante, solamente pudo comprobar y aportar datos para la comisión de un delito, la violación.
El juzgado resolvió una pena de 8 años de prisión ordinaria y sanción pecuniaria por la cantidad de 69 mil 504 pesos, equivalente a 800 veces el valor de la unidad de medida y actualización (UMA); y a reparación del daño por la cantidad total de 19 mil 200 pesos.
En el entendido de que deberá compurgarla en el lugar que designe el Juez de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad, con abono del tiempo que ha estado privado de su libertad preventivamente y que lo es desde el día 26 de octubre de 2021; y la multa deberá hacerse efectiva en favor del Fondo de Apoyo para la Administración.


