22 julio, 2026

Del poder al escándalo: así estalló la guerra entre Trump y Musk

6 junio, 2025

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WASHINGTON, D.C. — Fue una de las alianzas más inesperadas y poderosas en la política y los negocios estadounidenses modernos: el presidente Donald Trump y el magnate tecnológico Elon Musk. Unidos por la conveniencia y la ambición, su sociedad prometía sacudir las estructuras tradicionales del poder. Pero como muchas relaciones tejidas con intereses más que ideales, su ruptura fue igual de estruendosa que su acercamiento.

Este jueves, el espectáculo del desencuentro se desató ante los ojos del mundo. Trump, visiblemente molesto, tildó a Musk de “loco”, y el empresario respondió acusándolo de “ingratitud”, insinuando incluso que el presidente figura en los registros no publicados del caso Epstein, sin presentar prueba alguna.

La confrontación pública marca el final de una colaboración que, aunque corta, tuvo enormes implicaciones para la política, el gasto público y el futuro de la tecnología en Estados Unidos.

De la admiración al poder compartido

Elon Musk, nacido en Sudáfrica y nacionalizado estadounidense en 2002, se ha consolidado como el hombre más rico del planeta, con negocios que abarcan desde la industria automotriz (Tesla), la exploración espacial (SpaceX) y las telecomunicaciones (Starlink), hasta la polémica red social X. Aunque Musk votó por demócratas en 2016 y 2020, su discurso y sus decisiones empresariales lo han ido acercando al espectro conservador, especialmente a partir de su mudanza de California a Texas en 2021.

La relación con Trump tomó forma en 2023, cuando Musk respaldó al expresidente tras un intento fallido de asesinato. Fue un punto de inflexión. Musk se convirtió en una figura clave en la campaña del republicano, invirtiendo cientos de millones a través de su Super PAC, y amplificando sus mensajes en X, donde incluso se difundieron teorías y desinformación vinculadas al movimiento MAGA.

Ambos pasaron juntos la noche electoral en Mar-a-Lago. Tras la victoria de Trump, Musk recibió una simbólica “llave dorada” como agradecimiento por su breve, pero impactante papel en el gobierno federal. Incluso fue nombrado para liderar el programa DOGE (Downsize Our Government Expenditure), una iniciativa para reducir drásticamente el tamaño del gobierno.

Beneficios mutuos y promesas de poder

La alianza parecía sólida. Tesla y SpaceX continuaban recibiendo contratos millonarios del Departamento de Defensa y la NASA. A su vez, Musk se beneficiaba de un entorno regulatorio más favorable. Informes indicaban que el nuevo gobierno de Trump estaba dispuesto a desestimar investigaciones regulatorias sobre Tesla, así como una causa penal sobre su sistema de conducción autónoma.

Sin embargo, el magnate insistió en que nunca le pidió favores a Trump. La versión del presidente fue muy distinta. “Podría haberle pedido que se arrodillara y lo habría hecho”, dijo Trump en su red social Truth Social.

Una ruptura anunciada

La relación comenzó a deteriorarse por desacuerdos sobre el gasto gubernamental y los subsidios a vehículos eléctricos. Musk criticó abiertamente el “Enorme y Hermoso Proyecto de Ley” de Trump, afirmando que no fue consultado y que se aprobó en secreto.

La gota que derramó el vaso fue la cancelación por parte de Trump de la nominación de Jared Isaacman, promovido por Musk para liderar la NASA. Trump lo desestimó, llamándolo “un absoluto demócrata”.

A partir de entonces, las hostilidades aumentaron en redes sociales. Trump sugirió cancelar todos los contratos gubernamentales de Musk como forma de recorte presupuestal. “Adelante, hazme el día”, respondió Musk con sarcasmo en X, antes de lanzar una insinuación explosiva: que Trump aparece en los archivos clasificados relacionados con Jeffrey Epstein.

Impacto inmediato y futuro incierto

La pelea no solo escaló en lo personal. Las acciones de Tesla cayeron más del 10% tras las amenazas de Trump. El mercado, sensible al vaivén político, reaccionó ante el riesgo de que Musk pierda acceso a miles de millones en contratos públicos.

Trump, fiel a su estilo, no dejó pasar la oportunidad de burlarse del aspecto de Musk, haciendo referencia a un “ojo morado” que el empresario atribuyó a un golpe accidental de su hijo. Una metáfora involuntaria —o no tanto— del desgaste sufrido durante su paso fugaz por el gobierno.

¿Quién pierde más?

Analistas políticos se preguntan si los republicanos verán de nuevo un aliado tan generoso como Musk. Con Trump aún como figura dominante del partido, y con Musk convertido en su más reciente exaliado convertido en crítico, las consecuencias de esta ruptura podrían repercutir durante años.

“Algunas personas que dejan mi gobierno lo extrañan tanto que se vuelven hostiles”, declaró Trump. “Supongo que lo llaman trastorno de Trump”.

Musk, por su parte, sigue disparando desde X, cuestionando la coherencia ideológica de su exaliado: “¿Dónde está el hombre que escribió esas palabras contra el gasto? ¿Fue reemplazado por un doble?”.