Tuam, Irlanda – Este lunes comienzan oficialmente las exhumaciones de los restos de 796 niños enterrados sin registro ni sepultura en una fosa séptica del antiguo hogar religioso St. Mary’s, gestionado por las Hermanas del Buen Socorro en Tuam, al oeste de Irlanda.
Las víctimas, muchas de ellas recién nacidas, murieron entre 1925 y 1960 en este centro para madres solteras, donde se registraron altos niveles de mortalidad infantil bajo la tutela conjunta del Estado irlandés y la Iglesia católica. Se llamaban Kathleen, Mary o Joseph. Ahora, décadas después, se busca darles el entierro digno que se les negó.
Las excavaciones estarán a cargo de un equipo internacional de expertos procedentes de Colombia, España, Reino Unido, Canadá y Estados Unidos. Según las autoridades, los trabajos se extenderán durante dos años e incluirán análisis forenses, toma de muestras genéticas e identificación de restos.
A la fecha, ya se han recogido muestras de ADN de unos 30 familiares de posibles víctimas. El proceso continuará en los próximos meses para ampliar el banco genético.
El caso conmocionó a Irlanda y al mundo en 2014, cuando la historiadora local Catherine Corless reveló que cientos de niños habían sido enterrados en condiciones indignas en el lugar, sin tumbas, registros ni marcadores. “No había cementerio, ni cruz, ni estatua. Nada”, declaró Corless, cuya investigación impulsó una campaña de años para sacar del olvido a las víctimas. “Suplicaba: ‘Saquen a estos bebés de estas cloacas’”.
En 2021, una comisión nacional confirmó los abusos y “alarmantes” niveles de mortalidad en 18 instituciones similares que funcionaron en el país entre 1922 y 1998. Según cifras reveladas, unas 56 mil mujeres solteras y 57 mil niños pasaron por estos hogares.
Anna Corrigan, quien cree que dos de sus hermanos podrían estar enterrados en Tuam, expresó: “A estos niños se les negó el mínimo derecho humano en vida, al igual que a sus madres. Y también se les privó de dignidad en su muerte”.
Aunque el hogar fue demolido en 1972 para construir una urbanización, la fosa común permaneció intacta. Fue recién en 2022 que se autorizó legalmente la excavación, y en 2023 se designó el equipo de trabajo.
Pese a las demoras denunciadas por familiares y activistas, Catherine Corless celebra este avance. “Nunca pensé que este día llegaría”, aseguró.


