San Miguel de los Jagüeyes, Estado de México.– En un rincón del Estado de México, entre ladridos y juegos, se forman los futuros héroes de cuatro patas del país. El Centro de Producción Canina de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) es el lugar donde nacen, crecen y se preparan los perros que algún día integrarán las filas del Ejército, la Guardia Nacional o la Policía Militar, participando en misiones de rescate, detección de narcóticos y explosivos, o apoyo en situaciones de desastre.
El director del centro, José Ramón Sandoval, explica que el secreto del éxito en el adiestramiento radica en que “el trabajo para los perros es un juego”. Cada paso del proceso, desde la crianza hasta el entrenamiento especializado, está diseñado para garantizar el bienestar físico y psicológico de los animales.
El proceso comienza con una rigurosa selección genética. Solo los ejemplares que destacan por su fuerza, agilidad, temperamento y equilibrio emocional son elegidos como reproductores. “Escogemos canes que tengan características adecuadas para el trabajo y buscamos reproducir esos puntos favorables”, detalló Sandoval.
La médico veterinaria Pineda explicó que el seguimiento de cada gestación es minucioso: “A partir del día 30 se realiza un ultrasonido para estimar la edad gestacional y calcular la fecha probable de parto”. Dos semanas antes de que nazcan los cachorros, las hembras son trasladadas al área de maternidad, donde reciben vigilancia constante hasta que sus crías tienen la edad suficiente para iniciar su formación.
Aunque a simple vista los cachorros parecen estar jugando, cada dinámica forma parte de su adiestramiento. A través de recorridos con obstáculos y ejercicios de socialización, los pequeños aprenden a perder el miedo y a responder con confianza ante distintos estímulos.
“Se trabaja primero en manada y luego de forma individual para observar su aptitud. Queremos que pierdan sensibilidad a diferentes texturas y ruidos”, explicó el subteniente Adrián Ortega. En las pistas del centro, los perritos atraviesan superficies de piedra, grava y tierra volcánica, simulando las condiciones reales que enfrentarán durante operaciones militares o misiones de rescate.
El entrenamiento es breve, de apenas diez minutos por sesión, para evitar el cansancio. Cada esfuerzo es recompensado con caricias y palabras de aliento, reforzando su vínculo con los cuidadores.
La clave del éxito está en la relación entre el perro y su guía humano, conocida como binomio canino. En el centro se aplican técnicas de etología canina, ciencia que estudia el comportamiento animal, para fortalecer la confianza, el autocontrol y la obediencia sin recurrir a métodos agresivos.
“Con las improntas y el conocimiento de la etología desarrollamos lo que necesitamos: que el perro sea funcional, estable y confiable en el trabajo”, subrayó Sandoval.
Actualmente, el Centro de Producción Canina alberga 150 perros, de los cuales 57 son reproductores (12 machos y el resto hembras) y 94 cachorros se encuentran en distintas etapas de desarrollo.


