Teotihuacán, Estado de México. – Los artesanos de la zona arqueológica de Teotihuacán enfrentan una de las crisis más severas en décadas. A la baja del turismo tras la pandemia se suma ahora un nuevo enemigo: la llegada de piezas falsas de obsidiana, presuntamente elaboradas por empresas chinas y vendidas como si fueran auténticas artesanías locales.
Daniel Juárez, artesano lapidario y segunda generación de creadores de figuras de obsidiana en San Martín de las Pirámides, advierte que “desde hace unos años empezaron a meter piezas chinas; las hacen con vidrio y las venden como obsidiana verdadera. Eso nos está matando”.
El oficio, que durante generaciones ha dado identidad y sustento a cientos de familias del Valle de Teotihuacán, está en riesgo. Los productores aseguran que la competencia desleal ha provocado una caída de más del 70% en las ventas en el último año.
La invasión del producto chino
Los artesanos explican que las empresas asiáticas han logrado introducir sus productos en el mercado local gracias a la producción en masa y a la compra de grandes volúmenes de piedra volcánica. “Ellos llegan a las minas, compran toneladas y fabrican todo de forma industrial. Luego lo venden a la mitad de precio, algo imposible para nosotros que trabajamos a mano”, lamenta Juárez.
Las piezas falsas imitan las formas tradicionales: imágenes de Quetzalcóatl, Tláloc, máscaras y collares, aunque elaboradas principalmente de vidrio o materiales sintéticos. “Son prácticamente clones, todas iguales; una artesanía real nunca es idéntica, siempre tiene un toque único”, señala otro creador, Daniel Meza.
Impacto en la economía local
En las comunidades de San Martín de las Pirámides, Santa María Cuatlán y San Francisco Mazapa, los talleres familiares que sobreviven al golpe del mercado chino luchan por mantener viva la tradición. Muchos han tenido que reducir su producción ante el alza en los costos de materia prima: una piedra de obsidiana dorada que hace un año costaba 25 pesos, hoy supera los 50.
“El cliente se va por lo más barato, aunque no sea auténtico. Nosotros tardamos días en una pieza y ellos la hacen en minutos”, afirma Juárez desde su taller “Artesanías Librado”, donde trabaja con herramientas heredadas de su padre.
Turistas detectan el engaño
Los visitantes también han notado la presencia de productos industrializados. “Algunas cosas son tan baratas que ya no sabes si son mexicanas o chinas”, comenta Karen, turista nacional. Otros visitantes expresan su rechazo: “Se pierde la esencia. Las pirámides son historia viva; no debería haber productos chinos aquí”, dice Izta Ramírez.
Autoridades reconocen competencia desleal
La directora de Turismo de Teotihuacán, Andrea Sánchez, admitió que la problemática afecta a todo el país. “Es un fuerte problema nacional. Las empresas chinas compran toneladas de piedra, la procesan industrialmente y la venden más barata. Es competencia desleal porque los artesanos locales no pueden competir con esos volúmenes ni esos precios”, afirmó.
El municipio estima que existen alrededor de 150 talleres de artesanía en la región, dedicados al tallado de obsidiana y barro. Muchos sobreviven gracias al turismo de fin de semana y a festivales como el Festival Internacional de la Obsidiana, que cada año atrae a miles de visitantes.
El reto rumbo al Mundial 2026
Las autoridades locales esperan que el Mundial de Futbol de 2026 reactive la economía en la zona. Se prevé la instalación de hoteles desmontables y la reapertura completa de las pirámides del Sol y la Luna, además de espectáculos nocturnos de luz y sonido.
“Con el Mundial esperamos hasta 200 mil visitantes en dos semanas. Queremos que se queden en el Valle y conozcan lo que realmente hacen nuestras manos”, declaró Vicente Meneses, alcalde de San Martín de las Pirámides.
El valor de lo hecho a mano
Mientras tanto, Daniel Juárez sigue tallando sus piedras en silencio. Cada máscara, cada figura de obsidiana lleva horas de trabajo y una historia familiar que se resiste a desaparecer.
“Nosotros no sólo vendemos piedra. Vendemos identidad, historia y arte. Ojalá los visitantes sepan distinguirlo”, dice, sin dejar de mirar el brillo oscuro de una pieza recién pulida.
Porque en Teotihuacán, la lucha no es solo por vender artesanías, sino por preservar el alma de una tradición milenaria.


