21 julio, 2026

UAdeC imprime alimentos en 3D con nopal y chía para enfrentar la crisis alimentaria

10 diciembre, 2025

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Saltillo, Coahuila.– ¿Comerías una hamburguesa de una impresora 3D? Para la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC), esta pregunta dejó de ser futurista: hoy forma parte de un proyecto científico que busca convertir recursos naturales del semidesierto en alimentos impresos tridimensionalmente, capaces de ofrecer alternativas ante la creciente crisis alimentaria mundial.
El Centro de Investigación e Innovación Científica y Tecnológica (CIICyT) desarrolla estructuras de alimentos impresos en 3D utilizando compuestos naturales como mucílagos de nopal y residuos de semillas como la chía y la linaza, materiales que suelen desecharse tras la extracción de aceite. La meta: crear matrices alimentarias completamente funcionales, nutritivas y sostenibles.
“El interés global por la impresión de alimentos ha crecido enormemente. Es una tecnología disruptiva con enorme potencial”, explicó Jorge Luis Guía García, profesor investigador del CIICyT. “Queremos aprovechar productos de la región y poner nuestro granito de arena para desarrollar estructuras 3D que realmente puedan ser alimentos”.
¿Cómo se imprime un alimento en 3D?
El proceso inicia con el diseño computacional del alimento que se desea replicar: una hamburguesa, un nugget o cualquier producto tradicional. Ese diseño se envía a una impresora 3D similar a las industriales utilizadas con plástico, pero adaptada para materiales comestibles.
A diferencia de una lámina o masa plana, los alimentos impresos poseen volumen y forma real, como su contraparte original. La impresora deposita capa por capa el material elegido, el cual debe poseer una consistencia adecuada para imprimirse y posteriormente ingerirse.
Ahí radica uno de los grandes desafíos: encontrar biopolímeros naturales que mantengan estabilidad, textura y resistencia durante la impresión. Los mucílagos del nopal y las cáscaras de chía podrían ser clave gracias a su viscosidad natural.
“Analizamos su funcionalidad porque liberan sustancias gelatinosas al contacto con el agua. Eso podría permitirnos formar matrices estables para alimentos en 3D”, detalló Guía García.
Aprovechar residuos y recursos locales
El proyecto también responde a un enfoque de economía circular, al estudiar subproductos que normalmente se desechan. Tras el procesamiento de chía o linaza para obtener aceites —usados en alimentos y cosméticos— queda una cáscara rica en compuestos naturales que la UAdeC busca transformar en alimento.
“Son productos caros, pero sus residuos no se aprovechan. Queremos estudiar si sus mucílagos pueden utilizarse para generar estructuras 3D funcionales”, señaló el investigador.
La fase actual incluye pruebas reológicas —que analizan cómo fluyen o se deforman los materiales— y pruebas de resistencia térmica. Cuando esta etapa finalice, la universidad podrá definir qué tipos de alimentos imprimirá primero. “Tal vez no un trozo de carne, pero sí alimentos más sencillos”, adelantó.
Una alternativa ante la desnutrición y el desabasto
La iniciativa se enmarca en un contexto nacional complejo. En México, la desnutrición afecta al 21% de la niñez en zonas rurales, mientras que más del 24% de menores presenta sobrepeso u obesidad. La disponibilidad de alimentos nutritivos sigue siendo un desafío estructural.
El proyecto combina sustentabilidad, tecnología y nutrición, alineándose con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU:
Hambre Cero,
Salud y Bienestar,
Producción y Consumo Responsables.
Además, se vincula con los Programas Nacionales de Soberanía Alimentaria, Salud y Medio Ambiente.
Para la directora del CIICyT, Liliana Flores, esta investigación demuestra el valor del trabajo multidisciplinario: “Buscamos soluciones reales desde la ciencia. Aunque trabajamos con presupuesto federal, también generamos recursos con proyectos y colaboraciones para responder a necesidades sociales y productivas”.
México avanza, pero aún está en etapa inicial
Mientras Europa y Asia ya imprimen carnes veganas con texturas que simulan fibras reales, México apenas comienza a explorar el potencial de la impresión 3D alimentaria. “Estamos en pañales, pero queremos impulsar esta tecnología en el país”, reconoció Guía García.
Las aplicaciones no se limitan a la alimentación: la industria farmacéutica, por ejemplo, ya evalúa la impresión de tabletas personalizadas.
El proyecto de alimentos 3D de la UAdeC —en colaboración con la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro— tiene una duración estimada de un año. Sus resultados podrían abrir la puerta a una nueva era de alternativas alimentarias basadas en biopolímeros naturales de plantas del semidesierto chihuahuense.