Mundo.- Cada 17 de diciembre se conmemora en todo el mundo el Día Internacional para poner fin a la violencia contra las trabajadoras sexuales, una jornada que recuerda no solo a las víctimas del pasado —como las asesinadas por el denominado “Asesino de Green River” en Seattle— sino que impulsa una lucha global por derechos humanos, igualdad y justicia social.
Desde su inicio en 2003, esta fecha ha evolucionado de una vigilia conmemorativa hacia un movimiento internacional que denuncia las múltiples formas de violencia —física, estructural, institucional y simbólica— que afecta a miles de personas trabajadoras del sexo en todo el mundo. Organizaciones, colectivos y activistas aprovechan este día para visibilizar la discriminación, exigir el fin del estigma y reclamar políticas que protejan la vida y la dignidad de este sector.
Citas y voces del movimiento global
Un elemento clave de esta conmemoración en 2025 son las declaraciones de líderes y activistas que han articulado demandas en favor de la justicia y la igualdad:
Dr. Annie Sprinkle — pionera en los derechos de trabajadoras sexuales y figura histórica en esta conmemoración — ha señalado que este día es también una oportunidad para “cambiar la percepción social” sobre las trabajadoras sexuales, afirmando que “nadie quiere sentir que quienes ejercen este trabajo no son personas completas, con dignidad y derechos”. Su voz continúa inspirando la organización comunitaria para enfrentar la violencia cotidiana que sufren quienes se encuentran en contextos de marginalización social.
Organizaciones como el Sex Workers Outreach Project han enfatizado que la violencia va más allá de agresiones individuales: es también “violencia contra madres solteras en pobreza, trans mujeres, personas de color, personas que consumen drogas y personas migrantes”. Según estos colectivos, no se puede terminar con la victimización sin luchar contra la transfobia, el racismo, el estigma y la criminalización, factores que agravan la vulnerabilidad de las trabajadoras sexuales.
Un movimiento diverso y global
En diversas ciudades del mundo, este 17 de diciembre se han organizado marchas, eventos públicos, talleres y vigilias para reflexionar sobre la magnitud del problema y la necesidad de respuestas políticas y culturales:
En Liège, Bélgica, colectivos locales, organizaciones de trabajadoras sexuales y aliados han convocado a discursos, talleres y proyecciones de cine para explorar las realidades del trabajo sexual, denunciar ataques recientes y reivindicar la dignidad de quienes ejercen este trabajo.
Las agrupaciones en países como Canadá siguen subrayando que los marcos legales restrictivos continúan exponiendo a trabajadores sexuales a violencia y discriminación, lo que ha impulsado debates sobre reformas legales que reconozcan derechos laborales y de seguridad.
El activismo que hoy se extiende por África, Europa, América y Oceanía enfatiza que el trabajo sexual no puede estar separado de la discusión sobre derechos laborales, igualdad de género, despenalización y justicia social.
Por qué este día importa en 2025
Aunque el origen de esta conmemoración se remonta a un episodio violento específico, la lucha ha trascendido ese marco para convertirse en una plataforma de exigencia universal por la dignidad humana:
Denunciar que muchas trabajadoras sexuales enfrentan agresiones físicas, abuso policial y discriminación sistemática, y que gran parte de esta violencia queda sin denuncia o castigo.
Exigir que los sistemas de justicia y salud pública garanticen protección, acceso a servicios y seguridad sin prejuicios.
Rechazar el estigma social y las leyes punitivas que perpetúan la marginalización y aumentan la vulnerabilidad del colectivo.
Más allá de discutir posturas personales o morales, este día pone el foco en el derecho de todas las personas a vivir libres de violencia, con acceso a justicia, salud, trabajo seguro y reconocimiento legal plena.
Reflexión final
Al conmemorar este 17 de diciembre de 2025, activistas y aliades en todo el mundo recuerdan que la lucha por poner fin a la violencia contra las trabajadoras sexuales es intrínsecamente una lucha por los derechos humanos universales: por la igualdad, la seguridad, la justicia y la dignidad de cada ser humano.


