San Luis Potosí.— Con más de una hora de retraso y sin un esquema claro de organización, comenzó la visita del director de la Conade, Rommel Pacheco, al Centro de Desarrollo de Talentos y Alto Rendimiento (CEDTAR), en un evento que terminó por evidenciar la falta de planeación del Instituto Potosino de Cultura Física y Deporte (Inpode).
Lo que debía ser un mensaje de respaldo institucional a los atletas potosinos se convirtió en un escaparate de improvisación. La demora no fue un simple contratiempo: fue el reflejo de una logística inexistente. Deportistas y padres de familia aguardaron sin información precisa, sin cronograma visible y sin personal que orientara.
Cuando finalmente arribó el titular de la Conade, la escena se desbordó. El entusiasmo —principalmente de madres de familia— derivó en empujones, aglomeraciones y desorden. No había filtros, ni delimitación de espacios, ni un protocolo mínimo para garantizar que los atletas tuvieran un momento ordenado con el funcionario federal.
Paradójicamente, quien mostró mayor estructura fue el propio Pacheco. Accesible, dispuesto a escuchar y a tomarse fotografías, el ex clavadista olímpico hizo lo que estuvo a su alcance para mantener cercanía. Sin embargo, esa apertura quedó atrapada en un ambiente sin control, donde la falta de coordinación terminó opacando cualquier intención de diálogo formal.
La ausencia de organización no solo generó incomodidad; también envió un mensaje preocupante. Si el Inpode no puede conducir con orden una visita oficial, ¿qué garantías existen sobre la planeación de procesos más complejos como concentraciones, competencias o apoyos técnicos?
El evento dejó una postal incómoda: atletas esperando atención en medio del caos, padres buscando espacios a empujones y autoridades rebasadas por la situación. Más que un acto de impulso al alto rendimiento, la visita terminó exhibiendo la fragilidad administrativa del deporte potosino.
En el discurso se habla de fortalecimiento institucional y apoyo al talento local. En la práctica, lo que se observó fue desorden, improvisación y una oportunidad desperdiciada para enviar un mensaje serio de compromiso con el deporte en San Luis Potosí.


