Por Karen Peña
Antes de que el silbatazo inicial rompa el silencio, la historia ya está escrita en cada mirada. Bajo una estructura de disciplina y pertenencia, el fútbol reaparece como esperanza, confirmando que incluso cuando el camino se desvía, el sueño puede retomarse desde el primer toque de balón.
Para el equipo femenil del Ejército Mexicano, cada partido es más que una cita deportiva: es un nuevo punto de partida. Muchas de sus jugadoras llegan desde la Liga MX Femenil, tras procesos en donde la estabilidad emocional y financiera era un tema incierto tanto para ellas, como para sus familias.
“Yo vengo de un pueblito, es pequeño. Soy la primera niña en lograr la estabilidad que tengo para mis papás, y esta institución te deja pensar en tu familia, y te ayuda a esa estabilidad económica, en salud, en prestaciones; (…) me dijeron que no, y como soy aferrada yo dije ‘Sí’, lo voy a hacer”, narró Monserrat Peña Zamorano, jugadora de la Selección Femenil del Ejército Mexicano.

El silbatazo ya no solo anuncia el inicio del juego, anuncia una revancha. Las futbolistas que hoy defienden estos colores y al país, cargan historias de decisiones difíciles y trayectorias interrumpidas, pero también una convicción intacta.
“Me dio epifesiolistesis fémural, es un virus que te ataca el huesito de la cadera. Todos pensaron que ya no podía jugar fútbol. Tenía 10 años. Al final no hice caso. (…) Aquí nos dan rehabilitación, tenemos grandes doctores que, si llegas a sufrir alguna lesión, te pueden dar rehabilitación. (…) De hecho yo de chiquita decía: Quiero pertenecer al Ejército, y obviamente como ser doctora militar o algo así, pero pues los azares del destino me trajeron como futbolista con algo que me gusta practicar y en el lugar que quería estar”, señaló Melisa Leilani Arredondo García, jugadora de la Selección Femenil del Ejército Mexicano.
En el equipo femenil del Ejército Nacional hallaron algo más que una plantilla: encontraron respaldo, exigencia y una oportunidad para competir al más alto nivel posible.

“Para mí fue una recompensa, una oportunidad, al trabajo constante que llevado a lo largo de mi carrera. No tenía claro si iba a volver a jugar, en el fútbol profesional, pero sí tenía claro que en algún momento iba a seguir teniendo la oportunidad de seguir dedicándome a esto que he hecho toda mi vida, y cuando me llegó la invitación, fue cuando dije: es aquí”, puntualizó Dulce Consuelo Valente Salinas, jugadora de la Selección Femenil del Ejército Mexicano.
Portan con orgullo el uniforme del Ejército Militar Mexicano, con el que defienden a nuestro país, y cuando pisan la cancha lo cambian por el uniforme de fútbol, llevando la misma lealtad, disciplina y valentía a cada balón disputado.
“Nosotros tenemos la firme idea de qué somos militares. Hay un valor aquí llamado patriotismo, es un amor a sus tradiciones, a la patria, a México. Entonces, cuando nosotros cantamos el himno nacional, representamos todo ello. Para nosotros es el momento cumbre, como deportistas, es el momento en donde nosotros se nos inunda el cuerpo”, destacó Eder Miguel Pozos Chávez, D.T. de la Selección Femenil del Ejército Mexicano.

“Ahora que lo porto, lo porto con orgullo. No me imaginaba usar este uniforme, ahora que lo hago estoy muy orgullosa y estoy donde debería de estar. (…) Representar a esta institución es trabajar día a día, hacer actividades aún y cuando esté cansada y es el espíritu que tiene el equipo”, agregó Monserrat Peña Zamorano, jugadora de la Selección Femenil del Ejército Mexicano.
Bajo el cielo potosino, donde el balón rueda con memoria y promesas, el equipo femenil del Ejército Nacional ha escrito una historia con letras de oro, que ya pertenece a la Copa Potosí. No es una racha cualquiera: son tres títulos consecutivos, un invicto que se mantiene desde 2023 y una presencia que se ha vuelto sinónimo de protagonismo y carácter en cada edición del torneo.
“Nosotros sabemos lo que vivimos, lo que sufrimos, las alegrías y tristezas. Cuando somos campeonas no somos solo nosotros, es el Ejército. Nos llena ser de los principales ganadores”, enalteció Eder Miguel Pozos Chávez, D.T. de la Selección Femenil del Ejército Mexicano.

El camino no siempre fue de celebración. En 2022, la final se les escapó entre las manos. Aquella derrota fue una herida abierta, un silencio largo que no quebró la convicción, sino que la fortaleció. Un año después, en 2023, llegó la revancha convertida en primer campeonato.
“Ese estuvo un poco más sufrido, fue nuestro parte de aguas para comenzar a ser ganadoras. A raíz de ese primer campeonato fuimos adquiriendo más experiencia y no es que se haga rutinario, pero este equipo se acostumbró a ganar”, recordó el D.T. de la Selección Femenil del Ejército Mexicano.
Desde entonces, el equipo no ha soltado el trono: 2024 y 2025 confirmaron el dominio y sellaron un tricampeonato que nació desde la disciplina, la paciencia y la fe en el proceso.
“La Copa Potosí representa el esfuerzo y la motivación, es la cosecha de sus triunfos, sobre todo que todos los miembros del Ejército Mexicano se sienten orgullosos que nosotros somos campeones, porque finalmente representamos a todos los militares”, añadió Pozos Chávez.

La Copa Potosí se ha convertido en mucho más que un torneo. Es escenario, vitrina y punto de encuentro para historias que buscan continuar. En sus canchas, el fútbol femenil respira identidad, lucha y emoción genuina. Ahí, el equipo del Ejército Nacional encontró el lugar perfecto para reconstruirse, para creer de nuevo, y para transformar una derrota en legado.
“La Copa Potosí es un nivel futbolístico muy elevado. Cuando nosotros llegamos a la final, físicamente estamos mejor que los equipos. Cuando llegas a la final, nos ha tocado que nos vemos superiores físicamente y eso es lo que nos saca adelante”, destacó el director técnico de la Selección Femenil del Ejército Mexicano.
Hoy, el equipo femenil del Ejército Nacional no solo compite: representa un refugio y un reinicio. En cada partido se defiende algo más que un resultado; se honra una segunda oportunidad y la certeza de que el talento, cuando encuentra estabilidad, florece.

“Estoy muy orgulloso de ellas, porque para mí el mejor talento lo he encontrado aquí. En el futuro Femenil, a pesar de qué hace años no era tan reconocido, ellas son personajes importantes y en el futbol femenil, desde la parte de ser del equipo del Ejército Femenil, hay muchas niñas que la siguen, y que siempre traten de ser ejemplo para ellas”, reconoció Pozos Chávez.
Tricampeonas e invictas, las militares no solo levantan trofeos: levantan símbolos. Porque en San Luis Potosí, entre aplausos y banderas, el futbol también sabe a patria, a resistencia y a futuro.


