21 julio, 2026

Primavera en México: toneladas de mango se pierden pese a su alta producción

23 marzo, 2026

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San Luis Potosí, SLP.- Con la llegada de la primavera, las calles de ciudades tropicales como Tampico se llenan de color y aroma. En las copas de los árboles brotan flores amarillas con tallos rojizos que anuncian el inicio de una de las temporadas más esperadas: la del mango. Sin embargo, junto con la abundancia llega también una problemática persistente en el país: el desperdicio de esta fruta.
Mientras el aire se impregna de un dulce perfume y las banquetas se tiñen de tonos verdes y dorados, miles de mangos caen al suelo sin ser aprovechados. En patios, calles y solares, la riqueza natural se convierte en desecho ante la falta de cultura de consumo y aprovechamiento.
 Una fruta que cruzó océanos
El mango no es originario de México. Su historia en el país se remonta al siglo XVI, cuando fue introducido por colonizadores portugueses a través de rutas comerciales hacia la región de Veracruz. Desde ahí, su cultivo se extendió a distintas zonas cálidas del territorio nacional, encontrando condiciones ideales en regiones del Golfo y el Pacífico.
Hoy, el mango es uno de los frutos más representativos del campo mexicano, tanto por su consumo interno como por su exportación.
 Temporada en marcha y producción nacional
La floración inicia en marzo y da paso a una cosecha que, a nivel nacional, abarca de febrero a agosto, con su punto máximo entre abril y julio. De acuerdo con datos de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, México produce más de 2 millones de toneladas de mango al año, ubicándose entre los principales exportadores del mundo.
Estados como Guerrero, Sinaloa, Nayarit, Chiapas y Oaxaca concentran la mayor producción, con variedades como Ataulfo, Manila, Kent, Keitt y Tommy Atkins.
 Abundancia en patios… y en la basura
En zonas urbanas del sur de Tamaulipas, como Tampico, es común encontrar viviendas con uno o varios árboles de mango. En algunos casos, hay hasta ocho árboles en espacios reducidos, lo que genera una sobreproducción difícil de consumir.
Habitantes como María Ascensión Gómez conservan árboles sembrados hace décadas, cargados de historia familiar. Sin embargo, reconocen que gran parte del fruto termina regalándose… o desperdiciándose.
“Cuando cae el mango lo ponemos en la barda para que quien quiera lo tome. Hacemos agua, pulpa, pero llega un momento en que ya no podemos con tanto”, relatan vecinos de colonias tradicionales.
De acuerdo con testimonios locales, en algunos hogares solo se aprovecha alrededor del 10% de la producción, mientras el resto se pierde en el suelo o termina en los camiones de basura.
Entre tradición, negocio y desaprovechamiento
Para algunos, el mango representa también una oportunidad económica. Familias venden el fruto por kilo —entre 10 y 30 pesos— o elaboran productos como mangonadas, nieves y pulpa congelada que puede durar hasta varios meses.
No obstante, muchos productores domésticos optan por regalarlo, ya sea por tradición o por falta de canales de comercialización.
En viveros locales, árboles de más de 50 años siguen produciendo grandes cantidades de fruto cada temporada. A pesar de ello, sus dueños prefieren compartirlos antes que venderlos, reforzando una cultura comunitaria… pero también evidenciando la falta de estrategias para su aprovechamiento integral.
Factores que afectan la producción
El ciclo del mango no está exento de riesgos. Plagas como la mosca de la fruta, hormigas y hongos pueden dañar la producción si no se aplican tratamientos adecuados. Además, fenómenos climáticos como los “nortes” pueden provocar la caída de flores, reduciendo la cosecha.
Para contrarrestarlo, algunos productores utilizan fertilizantes especializados y técnicas como el encalado o la fumigación.
Una oportunidad desaprovechada
A pesar de su abundancia, el mango sigue siendo un recurso subutilizado en muchas regiones urbanas. Especialistas coinciden en que fomentar su transformación —en conservas, deshidratados o productos derivados— podría reducir significativamente el desperdicio y generar ingresos adicionales.
En un país líder en producción, el contraste es evidente: mientras toneladas de mango mexicano se exportan a mercados internacionales, en calles y patios locales miles de frutos terminan olvidados en el suelo.
La primavera, así, no solo trae consigo la dulzura del mango, sino también un recordatorio: en México, la abundancia natural sigue siendo, muchas veces, una riqueza que se deja perder.