Ciudad de México.– *A poco menos de un mes del arranque de la Copa del Mundo 2026, México presume estadios remodelados y obras de infraestructura para recibir uno de los eventos deportivos más importantes del planeta. Sin embargo, para miles de personas con discapacidad, asistir a un partido continúa siendo una experiencia marcada por obstáculos físicos, falta de accesibilidad y deficiencias en movilidad urbana.
Aunque los recintos mundialistas buscan proyectar una imagen moderna e incluyente, aficionados usuarios de silla de ruedas denuncian que las adecuaciones siguen siendo insuficientes. Rampas demasiado inclinadas, elevadores inoperantes, accesos limitados y escasez de espacios reservados forman parte de las dificultades que enfrentan antes, durante y después de ingresar a un estadio.
Daniel Santillán, aficionado americanista que utiliza silla de ruedas tras una lesión medular sufrida en 2019, relata que regresar a un estadio implicó una mezcla de emoción y preocupación. Aunque reconoció mejoras en baños y áreas exclusivas, cuestionó que el entonces Estadio Azteca —rebautizado como Estadio Banorte— cuente únicamente con 40 espacios para personas con discapacidad motriz, una cifra mínima frente a un aforo superior a 83 mil asistentes.
La diferencia resulta significativa si se considera que la Ley General para la Inclusión de las Personas con Discapacidad recomienda al menos un 3 por ciento de espacios accesibles, lo que equivaldría a aproximadamente 2 mil 400 lugares en un inmueble de esa capacidad. Actualmente, incluso sumando zonas especiales y acompañantes, el porcentaje no alcanza ni el 0.25 por ciento.
Las problemáticas no se limitan al interior de los estadios. Especialistas y activistas señalan que el transporte público y la infraestructura urbana representan barreras constantes. Javier Munguía, periodista y creador de contenido enfocado en inclusión, advirtió que diversas obras vinculadas al Mundial iniciaron apenas meses antes del torneo y continúan sin garantizar accesibilidad para personas con movilidad limitada o discapacidad temporal.
Entre los principales señalamientos destacan puentes peatonales sin alternativas accesibles, elevadores con fallas y trayectos inseguros desde estaciones de transporte hasta los recintos deportivos. La situación, advierten, deja fuera a miles de aficionados antes incluso de llegar a las puertas del estadio.
La exclusión también alcanza a personas con discapacidades invisibles. Expertos indican que México aún carece de tecnologías como sistemas de audio adaptados para personas con implantes cocleares o herramientas táctiles para aficionados con discapacidad visual, mecanismos implementados en otros países para ampliar el acceso al deporte.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, alrededor del 15 por ciento de la población mundial vive con algún tipo de discapacidad. Más allá de las limitaciones físicas, enfrentan desigualdad en acceso a educación, empleo, movilidad y participación social, factores que se reflejan también en espacios de entretenimiento y eventos masivos.
A medida que avanza la cuenta regresiva rumbo al Mundial 2026, organizaciones y aficionados coinciden en que el verdadero legado del torneo no se medirá únicamente en estadios renovados o infraestructura temporal, sino en la capacidad de garantizar que todas las personas puedan desplazarse, ingresar y disfrutar del futbol en igualdad de condiciones. Porque el reto de la inclusión comienza mucho antes del silbatazo inicial.


