
Por: Andrés González
San Luis Potosí, SLP.- A la aventura y cual braseros, migrantes, mojados o como desee llamarles llegaron al estadio Alfonso Lastras, cientos de aficionados para malvivir su pasión por el futbol, específicamente por los Rayados de Monterrey.
Pidiendo agua, dinero o “lo que sea su voluntad”, es como uno a uno, iban subiendo al autobús, ante la mirada altanera de los aficionados locales, que con mofa les preguntaban si serían invitados a su próxima “carnita asada”, sin saber qué no traían ni para el regreso.
¿Conocen ustedes el término “no cabía ni un alma”?, pues así viajaban los autobuses, en el que incluso los aficionados hicieron uso de los maleteros para instalarse ahí y continuar su viacrucis de regreso a casa.

Aparte de la gravedad de dicha situación, al puro estilo de un hermano centroamericano, pedían una “monedita” para seguir su travesía, en el que no despreciaban ni siquiera el sorbo de agua que algunas personas les ofrecían.
Más triste aún fue que por temas de seguridad, algunos aventureros que llegaron a tierras potosinas no pudieron bajar del autobús, ya que al no conseguir un boleto para poder ingresar al Lastras, tuvieron que escuchar por radio el partido de su equipo al exterior del estadio.
Lo extraño es que dichas acciones carentes en su totalidad de Derechos Humanos, parecían ser disfrutada por parte de los más fieles aficionados de Rayados, lo que denotaba el masoquismo de su pasión.
En el regreso de la porra regia también se logró ver la trepada de aficionados a patrullas de la Policía Estatal, quienes aprovecharon el “aventón” hacia los límites de la capital por parte de las autoridades, ante la malpasada de seguir al equipo de sus amores.
Felices posaban para la foto estos peculiares personajes, claro, todo lo anterior después de la intensidad que se vivió, por las amenazas vertidas entre semana por parte de ambas porras, además de los violentos antecedentes registrados en las inmediaciones del Alfonso Lastras.
Los camiones siguieron su andar al salir del área resguardada, con la sorpresa de que ya lo esperaba en la esquina el autobús de su gran amor, en el cual se encontraban los enojados y cabizbajos jugadores del Monterrey, después de haber sucumbido con el Benjamin de la Liga MX, el Atlético de San Luis.


