22 julio, 2026

#Especial | Vivir con el criminal en casa

13 marzo, 2024

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Como suele suceder con las víctimas de violación, después de vivir por años con el dolor y el sufrimiento en el alma, finalmente la luz cubrió su ser, se liberó de una losa que cargaba y hoy el delincuente está tras las rejas.

Después de 7 años de vivir en la oscuridad, con dolor, ansiedad y sufrimiento en cada segundo de su vida, Eliza, quien así se llamará para esta historia, finalmente encontró algo de paz interior tras denunciar que su abuelo la abusó sexualmente y la violó.

Aunque la mayoría de las niñas y los niños guardan recuerdos esplendidos de su cumpleaños, para Eliza el onomástico número 7 es el peor de su vida, al grado de aborrecerlo y sufrir cada que viene a su mente.

Todo se remonta al 30 de agosto del año 2013, fecha en que celebraba su cumpleaños número 7, quien alrededor de las 5 de la tarde se encontraba junto a su familia y amigos en la casa de sus abuelos, ubicada en la capital potosina.

Después de correr, reír y divertirse, subió al cuarto de su abuelo Juan -nombre ficticio- porque le daría 100 pesos como obsequio. Así fue, sin embargo, él la sentó en sus piernas y comenzó a tocarle el cuerpo empezando por las piernas, mientras ella le decía que no, que eso era malo.

Horas más tarde ya en la noche cuando dormía en una colchoneta en el mismo cuarto de él, éste se despertó y la obligó a realizar actos lascivos sin llegar a la violación.

Sin embargo, en septiembre del año 2013 aproximadamente a la una y media de la tarde, encontrándose en el baño del domicilio de sus abuelos, Juan ingresó y perpetró la violación mientras la amenazaba con hacerle lo mismo a su hermana y que “a ella nadie le iba a creer”.

SALIR DEL INFIERNO

Pasaron los años y Eliza creció, fue a la escuela y realizaba lo que cualquier adolescente suele hacer a su edad, pero el 24 de mayo de 2020 ya no pudo soportar el infierno que padecía y confesó entre lágrimas que 7 años atrás su abuelo paterno la violó y la abusó sexualmente.

La bomba explotó en una reunión familiar nocturna, justo cuando Eliza platicaba con sus padres sobre que un muchacho la pretendía, y que no creía en Dios porque cuando ella lo necesitaba no estaba.

De inmediato su madre la regañó por su comentario, y su padre le preguntó que, si el pretendiente la había lastimado o causado alguna molestia, pero grande su fue la sorpresa al confesar haber sido víctima de abuso y violación de su abuelo cuando era una niña.

Todo cuadró con el testimonió de la mamá, quien relató que frecuentaba la casa de sus consuegros a quienes los visitaba seguido, pero los fines de semana era cuando iba continuamente.

“Nos la pasábamos con ellos los fines de semana, nos quedábamos a dormir, viernes en la tarde hasta el domingo que íbamos por ella (Eliza) desde el sábado a partir de las 3, a veces nos quedábamos y a veces nos íbamos para nuestra casa desde el viernes, tengo otra niña y un niño, pero a ellos no se los llevaban”, dijo la madre.

El dictamen pericial en psicología confirmó que la adolescente denota depresión, así como una ansiedad muy elevada, hipersensibilidad social, preocupación constante, es decir, “son indicadores y características asociadas a personas que han vivido un evento traumático de índole sexual”.

TARDÍA JUSTICIA

El 10 de enero de 2024, el Tribunal Unitario de Enjuiciamiento dictó sentencia condenatoria en contra de Juan, al encontrarlo culpable de los delitos de violación equiparada agravada y abuso sexual calificado, señala la toca UG/ASA-117/2023.

La resolución definió imponerle una sanción corporal de solo 9 años de prisión ordinaria; y el pago de 9 mil 820.80 pesos como sanción pecuniaria por reparación del daño a favor de su nieta.