Por Fernanda Padilla
Ilustración de Carolina Mohina
De acuerdo con información proporcionada por la Secretaría del Trabajo de San Luis Potosí, en el estado existen más de 250 empresas dedicadas a la producción de autopartes, las cuales generan actualmente alrededor de 85,000 empleos directos en el sector automotriz.
En medio del bullicio constante de la zona industrial de la capital, se erige una planta de ContiTech, filial de Continental AG, el gigante de origen alemán dedicado a la producción de autopartes y neumáticos a nivel mundial.
Especializada en tecnología del caucho y polímeros, en ContiTech se producen desde mangueras y bandas transportadoras hasta componentes plásticos y sistemas interiores para vehículos.
En sus plantas en San Luis Potosí, cientos de trabajadores ensamblan, moldean y monitorean componentes vitales para la industria automotriz global.

Pero detrás de esta maquinaria de precisión, también se esconden historias que contrastan: crecimiento acelerado e inversión millonaria; pero también conflictos laborales, protestas obreras y una intensa disputa sindical.
ContiTech y el auge industrial en San Luis Potosí
Como parte de su estrategia de expansión global; y aprovechando las ventajas del T-MEC y la cercanía con Estados Unidos, ContiTech ha logrado una importante presencia en México, particularmente en San Luis Potosí.
Para 2018, la entidad ya albergaba cinco divisiones operativas y un centro financiero de Continental, con una plantilla cercana a los cuatro mil trabajadores distribuidos entre plantas de llantas, suspensiones, sistemas electrónicos, mangueras hidráulicas y oficinas corporativas.
Entre 2017 y 2018, la infraestructura fue reforzada significativamente y durante los años críticos de la pandemia de COVID-19 (2020-2022), no se encontraron reportes públicos de despidos masivos o cierres en esta sede. Al contrario, la expansión continuó: en 2022 se anunció una inversión de 40 millones de dólares para una nueva planta de producción de mangueras hidráulicas, y en 2025 se inauguró una nave de 2 mil 400 m² dedicada a compuestos de llantas con tecnología de punta.
No obstante, este crecimiento industrial también ha estado acompañado de conflictos laborales que se fueron volviendo cada vez más visibles: protestas por reparto de utilidades, reclamos por el salario, cambios en la representación sindical y otras tensiones entre los directivos y su base trabajadora.

El caso de ContiTech San Luis Potosí refleja las contradicciones del modelo industrial en México: productividad y expansión frente a la precarización y la consiguiente resistencia obrera.
Entre la memoria de la lucha y el desafío del presente
San Luis Potosí ha sido históricamente un territorio fértil para el sindicalismo combativo, pero ese legado enfrenta hoy fuertes tensiones: resistencia de las cámaras empresariales, estructuras sindicales rígidas y persistencia de prácticas corporativas que frenan la democratización laboral, explicó en entrevista, Guillermo Luévano, abogado de derechos humanos y doctor en ciencias sociales con especialidad en antropología.
“El sindicalismo mexicano nació, paradójicamente, cobijado por el Estado. Después de la Revolución, el gobierno promovió ciertos sindicatos para controlarlos”, desplazando a los más combativos (anarquistas, comunistas) y a los patronales (católicos o empresariales).
Así se consolidó un modelo de «sindicalismo colaborativo», representado por organizaciones que durante décadas negociaron en nombre de los trabajadores, pero muchas veces toleraron precarización salarial, deterioro de las condiciones laborales y falta de democracia interna.
En San Luis Potosí conviven diversas organizaciones sindicales. Algunas forman parte del sindicalismo tradicional, mientras que otras se posicionan y definen como alternativas independientes con agendas democratizadoras.

A solicitud expresa, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social del gobierno estatal enlistó la totalidad de los sindicatos que ostentan la representación de las y los trabajadores de las empresas de la industria automotriz en territorio potosino:
● Confederación de Trabajadores de México San Luis Potosí. (CTM)
● Confederación Regional Obrera Mexicana San Luis Potosí. (CROM)
● Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos San Luis Potosí. (CROC)
● Confederación Auténtica de Trabajadores del Estado Potosino. (CAT)
● Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México. (CATEM)
● Confederación Internacional de Trabajadores. (CIT)
● Clúster Automotriz de San Luis Potosí.
● Sindicato Nacional de Trabajadores de General Tire de México, S.A. de C.V. (Continental Tire)
● Federación de Sindicatos Independientes de las Industrias Automotriz, autopartes, aeroespacial y del neumático y Sindicato de Trabajadores de General Tire) Casa Obrera. (FESIIAAAN, GENERAL TIRE Y COP).
● Sindicato independiente de Trabajadores/as de Goodyear México, S.L.P., Sección de la Liga Sindical Obrera Mexicana.
● Sindicato Industrial de Trabajadores de la Industria metal mecánica en el Estado de San Luis Potosí. (SINERGÍA).
En entrevista, Luévano abunda sobre el término “charro” en el sindicalismo, el cual se refiere a sindicatos poco representativos, alineados al poder político y empresarial; y citando al experto Kevin Middlebrook, destaca que “el corporativismo sindical no se extinguió, solo se erosionó. Ahora está mutando para alinearse a nuevos gobiernos o partidos”, afectando la verdadera representación obrera, dice.
Detalló que un ejemplo clave de sindicalismo independiente es el surgido en la planta ContiTech, en San Luis Potosí. “Aquí los trabajadores lograron organizarse democráticamente, rompiendo con las estructuras tradicionales”, pero a un costo alto que implicaba desde represión laboral, estigmatización y hasta persecución.

“Lo que estamos viendo apenas es el inicio de una nueva etapa: no solo se lucha por el salario, sino por la dignidad y la representación legítima de los trabajadores”, puntualizó.
El mismo uniforme, trato diferenciado
Según el buscador de empleo Glassdoor, el sueldo base promedio para un operario en el país está entre los siete mil y los diez mil pesos mensuales, mientras que en la sede principal de Continental, en Alemania, un trabajador técnico de planta percibe el equivalente aproximado a 72 mil pesos por mes; y, si bien no se trata de un obrero de línea idéntico, sí es un rol industrial comparable en términos de habilidades y desempeño diario, lo que evidencia una diferencia abismal.
En Brasil, Singapur y Francia no se encontraron datos específicos sobre el sueldo de los operarios en las filiales de Continental; sin embargo, esta enorme brecha salarial, aunque atravesada por el costo de la vida en cada país, refleja una desigualdad estructural que alienta la organización sindical como ocurrió en el caso de su planta en San Luis Potosí.
Un recorte inexplicable de utilidades, el detonante
Jorge Valente Hernández Castro, trabajador de ContiTech y delegado de la Liga Sindical Obrera Mexicana (LSOM), recuerda el punto de quiebre: el pago de utilidades. De recibir treinta mil pesos, pasaron a tres mil quinientos en 2024, pese al aumento en la carga laboral.
Recalcó que la CTM, que ostentó la titularidad del Contrato Colectivo de Trabajo (CCT) durante veinticinco años, en lugar de representar a los trabajadores, se alineó con la empresa.
“Nos dijeron que todo estaba bien, pero era evidente el fraude. Ahí nació la idea de buscar otro sindicato”, recuerda Valente.

Fue entonces cuando dieron con la LSOM y empezó la resistencia desde lo que se sentía como clandestinidad. Reuniones secretas, mensajes cifrados, miedo constante.
“Como trabajadores, ellos se dan cuenta de lo que producen; sin embargo, la empresa no admite que hubo más producción, ellos manifiestan que hay menos, pero no lo demuestran, (…) tampoco les entregaron a los trabajadores la información”, señaló Verónica López, integrante del equipo jurídico que lleva la estrategia legal de los trabajadores de ContiTech, a cargo del Pablo Franco Hernández, doctor en derecho que lidera la estrategia legal.
Recordó que los trabajadores iniciaron en abril de 2024 una serie de paros “improvisados” como parte de la manifestación por dicha inconformidad, “ellos mismos empiezan a identificar entre sus compañeros quiénes empezaron a levantarse, a liderar a los demás; y se juntan y contactan a personas de la Liga Sindical Obrera Mexicana porque han visto referentes de logros como los que hubo en Goodyear y en 3M, (…) y se empieza a trabajar con ellos en orientación y posteriormente en organización de su movimiento”.
Voto por voto, la batalla por la titularidad del CCT
El primer día de agosto de 2024 una chispa detonó la tensión en el complejo industrial de ContiTech San Luis Potosí: la Liga Sindical Obrera Mexicana presentó una demanda formal para disputar la titularidad del contrato colectivo de trabajo frente al que, históricamente, había sido el sindicato de la planta, afiliado a la CTM.

Iniciaba así una contienda crucial por una representación sindical legítima dentro de una de las empresas de la industria automotriz más grandes del estado.
De acuerdo con la abogada laboral Verónica López, el procedimiento estaba amparado por la legislación mexicana que, tras la reforma laboral de 2019, exige que los sindicatos interesados en la titularidad demuestren un principio de representatividad: contar con al menos el 10 % de la base trabajadora afiliada.
Aunque este requisito no está escrito explícitamente en la ley, se ha convertido en criterio jurisprudencial del Tribunal Federal de Asuntos Colectivos.
Pese a haber reunido —y documentado— ese mínimo legal, la primera demanda fue desechada por un juez que argumentó lo contrario. López afirma que el juez actuó con tendencia pro patronal y con el objetivo de dilatar el proceso.
«Sabíamos que podíamos ganar un amparo», explica, «pero habría tomado más tiempo del que nos llevaría volver a empezar».
Fue así como el 17 de diciembre de 2024 se presentó una segunda demanda, esta vez con una nueva jueza y el proceso avanzó con mayor agilidad. En marzo de 2025 se llevó a cabo la etapa más decisiva: el recuento, una votación personal, libre, directa y secreta, donde las y los trabajadores eligieron qué sindicato querían que los representara, pero no todo fue miel sobre hojuelas.

“La CTM nos tenía vigilados, la empresa nos ignoraba. Pero seguimos. No hubo despidos pero sí intimidación, golpeadores, amenazas. A mí me hicieron perfiles falsos en redes sociales, dijeron que era golpeador y ladrón”, recordó Valente Hernández.
En una ocasión, mientras repartían volantes en otra planta, fueron amenazados por “pandilleros”, presuntamente vinculados a la CTM. “Nos dijeron: ‘Si volantean, les partimos la madre’, pero no nos detuvimos”.

Valente también fue llamado por un hombre que se identificó como abogado de la CTM, quien le ofreció dejar su trabajo en ContiTech con una liquidación “al 100%» y una nueva colocación en otra planta, a cambio de abandonar la lucha. Lo rechazó.
“No tenía ni dos años en la empresa, no me convenía irme. Y solo le respondí que lo iba a pensar”, pero Valente ya estaba convencido del movimiento.
Durante el proceso, señala, la empresa fue indiferente a los señalamientos de acoso e intimidación, y las instituciones laborales, cómplices pasivos.
“Nos burlaron, nos llamaron ‘payasos’, ‘jotillos’. Pero cuando metimos otra demanda, regresamos más fuertes. Y ganamos”.

El resultado fue claro: la mayoría votó por la Liga, quitando así la titularidad del CCT a la CTM, que por años había firmado contratos con la empresa sin consulta con la base trabajadora. El contrato colectivo anterior ofrecía únicamente las prestaciones mínimas de ley, sin beneficios reales más allá del marco legal básico. El cambio de titularidad marca el inicio de una nueva etapa.

Con el respaldo de la mayoría, la Liga debe poder sentarse a negociar directamente con la empresa un contrato colectivo que sí refleje las necesidades reales de los trabajadores: mejores salarios, prestaciones ampliadas, condiciones laborales dignas y una voz activa en la vida laboral de la planta.
“Ganar la titularidad no es el final”, explica la jurista laboral entrevistada para este reportaje, “es el comienzo de una verdadera negociación colectiva que, por primera vez en mucho tiempo, tomará en cuenta la voluntad de la base trabajadora”.
Defensa de los derechos laborales, entre las fortalezas del T-MEC
Durante décadas, los conflictos laborales en México se resolvían —o se enterraban— en las juntas de conciliación y arbitraje, controladas desde el Poder Ejecutivo; pero esa vieja maquinaria comenzó a cambiar con la reforma laboral de 2019 y, sobre todo, con la firma del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (El T-MEC), que incluyó un anexo laboral histórico.
Además de regular el comercio de la producción en la industria automotriz, entre otras, este acuerdo internacional no solo prometía proteger la libertad sindical, sino que, por primera vez, ofrecía un camino concreto para denunciar sus violaciones.
El caso de ContiTech en San Luis Potosí se convirtió en un ejemplo claro de cómo ese mecanismo internacional puede hacer valer los derechos de los trabajadores más allá de las fronteras.

La abogada laboral Verónica López, explicó que cuando comenzaron a surgir actos de intimidación y represalias contra los trabajadores que se afiliaban a la Liga —aunque sin llegar a despidos masivos—, se activó el Mecanismo Laboral de Respuesta Rápida. Este recurso, creado en el marco del T-MEC, permite que uno de los países firmantes, en este caso Estados Unidos, solicite una investigación formal si existen indicios de que se está violando la libertad sindical en una empresa ubicada en territorio mexicano.
La simple amenaza del proceso funcionó: la empresa detuvo sus actos de presión y accedió a firmar un convenio de neutralidad, comprometiéndose a no intervenir en la organización sindical dentro de la planta.
También permitió que los representantes de la Liga ingresaran a las instalaciones para hacer labor sindical, tal como lo garantizan tanto la ley mexicana como el propio T-MEC.
“Es evidente que Continental conocía el poder de este mecanismo”, apuntó López.
“Han visto cómo en otras plantas ha tenido consecuencias reales, incluso sanciones comerciales, y por eso prefirieron negociar”.El abogado Guillermo Luévano agrega que este tipo de herramientas representa una nueva era para el sindicalismo en México. “Ahora hay más vías e instancias, tanto nacionales como internacionales, que abren posibilidades a los trabajadores. El T-MEC no solo responde a intereses comerciales, también ha sido una válvula de escape frente a los abusos históricos del sindicalismo corporativo”, explicó.
Sin embargo, ambos coinciden en que las autoridades mexicanas aún muestran resistencia estructural a aplicar sanciones internas a los sindicatos charros que, por décadas, han firmado contratos colectivos sin consultar a la base. “Podrían retirar registros sindicales, pero no lo hacen. Hay una red de complicidades entre empresas, sindicatos tradicionales y algunas instituciones del Estado que sigue operando”, lamentó López.
En este entorno, el respaldo del T-MEC y la presión internacional se han vuelto herramientas esenciales para los nuevos sindicatos democráticos, como la Liga, que luchan por abrir espacios de representación real.
En ContiTech, este respaldo ayudó a proteger la organización sindical y a garantizar un proceso electoral más libre. Un ejemplo de cómo los acuerdos internacionales pueden tener efectos muy concretos en las líneas de producción de México.
Las mujeres en la lucha sindical, un reto

Otra problemática que evidenció este movimiento se relaciona con la falta de participación activa de las mujeres. “Creemos que con las dobles o triples cargas de trabajo —doméstico, de alimentos, de cuidado— que por lo general tenemos las mujeres, no queda tiempo para la organización sindical. (…) Otra es pues que siempre se nos ha inculcado, que las mujeres no somos capaces de tener cargos de liderazgo (…) y la siguiente es el hecho de que cuando una mujer se atreve a participar es más atacada que los hombres”, señaló la jurista Verónica López.
Al igual que Valente, Mónica —nombre ficticio para proteger su integridad—, no buscó protagonismo. Se unió a la lucha sindical impulsada por la necesidad de mejorar las condiciones laborales. Sin embargo, al ser la única mujer visible entre los líderes del movimiento, también fue blanco de una campaña de violencia de género, hostigamiento físico, psicológico y cibernético, presuntamente por parte de integrantes del sindicato de la CTM.
“Cuando se supo que yo era la única mujer, empezaron a atacarme. Inventaron que tenía (cuenta en) OnlyFans -un sitio de distribución de contenido íntimo-, sacaron fotos de mi Facebook y las usaron para difamarme. Compañeros me pedían el link”, relata y agrega que, pese al terror, tenía que acudir al trabajo, pues ella es uno de los pilares económicos en su hogar.
Pero las agresiones no fueron solo verbales. Fue golpeada por una compañera con un carro de materiales y cuando lo reportó a la empresa, la respuesta que le dieron fue que había sido “un accidente”. “Trabajamos con navajas, y yo tenía miedo de que un día me cortaran. Sufrí ansiedad, depresión. Fui con una psicóloga. Pero la empresa no hizo nada”.
El impacto no fue solo físico ni psicológico. Fue también simbólico. Mónica se convirtió en blanco, no solo por su activismo, sino por su género. “Me decían ‘perra pinta’, que me iban a golpear. Rayaban los baños con insultos. Todo por no quedarme callada”.
En casa, los impactos de la lucha de Mónica en su salud física y mental eran acompañados por su familia. Su padre, su esposo y sus hijos, cuenta, fueron clave para continuar.
“‘Estás haciendo lo que muchos hombres no se atreven. Tú estás peleando. ‘No por ti, sino por todos’, me decía mi papá”, recuerda. Y aunque las agresiones y las amenazas continúan, su lucha ha sembrado una semilla. “Quiero que mis hijos digan: ‘mi mamá peleó por lo justo’. No fue fácil, pero lo hizo. Y si yo pude, otras también pueden”.
¿Qué sigue para los trabajadores de ContiTech en San Luis Potosí?
Aunque la Liga Sindical Obrera Mexicana logró arrebatar la titularidad del contrato colectivo a la CTM en la planta de ContiTech San Luis Potosí, la victoria apenas marca el inicio de una nueva etapa: la construcción de un sindicato verdaderamente representativo y la negociación colectiva real con la empresa.

De acuerdo con la abogada Verónica López, el primer gran reto será organizar asambleas internas donde los trabajadores definan de forma democrática sus demandas prioritarias.
“Será la base trabajadora la que discuta, redacte y apruebe el pliego petitorio que dará pie a la siguiente negociación contractual”, explicó.
Entre los puntos que se vislumbran, aunque aún no están definidos, podría estar el aumento al aguinaldo, mejoras en prima vacacional y dominical; incorporación de nuevas prestaciones, todo orientado a dignificar las condiciones laborales.
El camino, sin embargo, no será sencillo. López reconoce que la empresa aún muestra resistencia, como ocurre comúnmente en procesos de transición sindical.
“Sabemos que no será todo de un tajo. Pero ahora existe un sindicato formado por los propios trabajadores de ContiTech, lo que da mayor certeza de que los cambios se van a lograr, paso a paso, con base en organización y legalidad”, puntualizó.
Una de las complejidades actuales es que, pese a haber perdido la titularidad, la CTM sigue operando dentro de la planta como sindicato minoritario. Conservan incluso una oficina sindical, bajo el argumento legal de que pueden representar a quienes aún les siguen, aunque ya no tienen capacidad de negociar el contrato colectivo.

Para la Liga, este hecho es una muestra de cómo la empresa protege todavía a estructuras tradicionales, y representa un desafío adicional: eliminar la simulación y establecer una negociación colectiva auténtica, como manda la ley.
“He aprendido más en este año que en toda mi vida laboral”, afirma Valente y remata que “antes, nos enseñaban a no meternos en problemas. Hoy sé que pelear por los derechos es lo justo”.
Este reportaje fue elaborado en el marco del “Laboratorio de investigación periodística sobre derechos laborales y libertad sindical de los y las trabajadoras de la industria automotriz”, organizado y financiado por Lúminas Centro de Derechos Humanos AC.


