Por Ingrid Guadalupe Meza Pardo
Alguna vez te has preguntado qué es lo que hace que un baño tibio te relaje o bien, ¿que uno frío logre despertarte?Déjame te cuento que en la ciencia también se han hecho esa pregunta: ¿qué ocurre en el cuerpo en cada caso? Y sí, hay respuestas. Algunas vienen desde tiempos antiguos, como el temazcal, y otras de investigaciones que son más recientes como las que se publicaron en 2024.
Resulta que sumergirse en agua caliente es como darle al cuerpo un poco de calma. Los músculos se sueltan, la respiración se vuelve más tranquila y la circulación se activa poco a poco. En un estudio publicado en Scientific Reports en 2018, un grupo japonés observó que quienes se bañaban con agua caliente de manera habitual tenían mejor salud cardiovascular y menor riesgo de hipertensión. Por otro lado, otros experimentos más puntuales, como el realizado en 2024 por investigadores europeos, mostraron que estar 30 minutos en agua a unos 38 – 40 °C aumentaba el flujo sanguíneo en las piernas y reducía la presión arterial. Incluso el cortisol (esa hormona tan famosa que nos mantiene alertas) bajaba después del baño.
Y es sabido que, en tantas culturas existan tradiciones como los baños termales, las saunas o los temazcales. El calor tiene un efecto real de alivio. Eso sí, tampoco es conveniente abusar ya que el agua demasiado caliente puede resecar la piel y, en personas sensibles, provocar irritación al quitarle los aceites naturales que la protegen. Ahora bien, abrir la regadera y dejar que te caiga un chorro de agua fría no es para todos. Quienes se animan a hacerlo saben que la sensación es inigualable, es un sobresalto que despierta hasta la última célula. Pero, esto no es solo psicológico. Cuando el agua fría cae en la piel, el corazón se empieza a acelerar, los vasos sanguíneos se contraen y el sistema nervioso simpático (el encargado de ponernos en modo reacción inmediata) se activa.
Esa respuesta tiene su lado positivo: te pone alerta, despeja la mente y, de acuerdo con algunas investigaciones, la exposición regular al frío podría llegar a estimular el sistema inmune, aumentando la producción de glóbulos blancos y modulando procesos inflamatorios. Por eso no es raro ver a tantos atletas y a más de un influencer sumergirse en el hielo, hablando cosas positivas de las duchas heladas o los baños con hielo. Pero mucho ojo aquí: no todo es tan beneficioso. En personas que pueden estar con problemas de corazón, esa vasoconstricción y el aumento súbito de la presión arterial pueden ser peligrosos.
¿Entonces, con cuál quedarse? honestamente, para mí no hay una respuesta única. El agua caliente es “eso” que relaja al final de un día intenso. Sin embargo, el agua fría, es como una taza de café, ideal para arrancar con fuerza un lunes o tan solo para quitarse la flojera de la mañana.


