Cada pensamiento, recuerdo, emoción y movimiento depende de una compleja red que trabaja de manera permanente dentro del cuerpo humano. Para destacar su importancia y promover la prevención de enfermedades neurológicas, cada 22 de julio se conmemora el Día Mundial del Cerebro.
La fecha fue impulsada en 2014 por la Federación Mundial de Neurología (WFN, por sus siglas en inglés), con el propósito de informar a la población sobre el funcionamiento cerebral, los riesgos que pueden deteriorarlo y la necesidad de garantizar atención médica para quienes viven con alguna afección neurológica.
Un órgano pequeño con una responsabilidad enorme
Aunque representa aproximadamente el 2 por ciento del peso corporal, el cerebro utiliza cerca del 20 por ciento de la energía y del oxígeno que consume el organismo. Además, está compuesto mayoritariamente por agua y contiene miles de millones de neuronas que transmiten información mediante señales eléctricas y químicas.
Su actividad permite pensar, aprender, leer, comunicarse, almacenar recuerdos y tomar decisiones. También interviene en el movimiento, la respiración, el sueño, las emociones y las respuestas del cuerpo ante los estímulos.
Con frecuencia se afirma que el hemisferio izquierdo se ocupa exclusivamente de la lógica y el derecho de la creatividad; sin embargo, ambas partes trabajan de manera coordinada para realizar la mayoría de las actividades cotidianas.
Enfermedades que pueden cambiar una vida
Los padecimientos neurológicos pueden aparecer en cualquier etapa y afectar la movilidad, la memoria, el lenguaje, la conducta o la autonomía de las personas. En algunos casos provocan discapacidades temporales, permanentes o progresivas.
Entre las afecciones más conocidas se encuentran:
• Migraña, caracterizada por episodios de dolor intenso que pueden acompañarse de náuseas y sensibilidad a la luz o al sonido.
• Accidente cerebrovascular, ocasionado por la interrupción o alteración del flujo sanguíneo hacia una parte del cerebro.
• Enfermedades neurodegenerativas, como Alzheimer, Parkinson y Huntington, que deterioran progresivamente determinadas funciones.
• Esclerosis múltiple, padecimiento que afecta el sistema nervioso central.
• Infecciones como meningitis y encefalitis, causadas por distintos microorganismos.
• Trastornos relacionados con la salud mental, entre ellos depresión, esquizofrenia, trastorno bipolar y estrés postraumático.
Estas condiciones suelen ser subestimadas o detectadas tardíamente. Por ello, especialistas insisten en reconocer señales como debilidad repentina, dificultad para hablar, pérdida súbita de la visión, problemas de equilibrio, convulsiones, dolores de cabeza inusuales o cambios progresivos en la memoria y la conducta.
La prevención también comienza en la vida diaria
No todas las enfermedades cerebrales pueden evitarse, pero existen hábitos que ayudan a reducir determinados factores de riesgo y favorecen el bienestar integral.
Mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física, dormir adecuadamente y evitar el tabaco y otras sustancias son algunas de las principales recomendaciones. También resulta fundamental controlar la presión arterial, la glucosa y el colesterol, debido a su relación con la salud cardiovascular y cerebral.
A estas medidas se suman la estimulación cognitiva mediante la lectura, el aprendizaje, los juegos de memoria o los pasatiempos; la convivencia con familiares y amigos; y la atención oportuna del estrés, la ansiedad y la depresión.
Una conmemoración contra el estigma
A lo largo de sus campañas, el Día Mundial del Cerebro ha colocado sobre la mesa asuntos como el acceso equitativo a la atención neurológica, la discapacidad y la necesidad de disminuir la carga mundial de estos padecimientos.
La conmemoración también busca combatir el estigma que enfrentan las personas con enfermedades neurológicas, trastornos mentales o alguna discapacidad. Además de tratamientos y rehabilitación, requieren entornos accesibles, acompañamiento familiar, inclusión social y respeto a sus derechos.
El 22 de julio representa así una oportunidad para recordar que cuidar el cerebro no debe comenzar cuando aparece una enfermedad. La prevención, el diagnóstico temprano y la atención especializada son esenciales para conservar la calidad de vida durante todas sus etapas.


