24 julio, 2026

23 de julio: Día Mundial del Síndrome de Sjögren

23 julio, 2026

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Cada 23 de julio se conmemora el Día Mundial del Síndrome de Sjögren, una jornada que busca visibilizar una enfermedad autoinmune crónica capaz de afectar no solamente los ojos y la boca, sino también articulaciones, nervios y órganos internos.
La fecha fue creada en 2005 por la Sjögren’s Foundation y coincide con el nacimiento del oftalmólogo sueco Henrik Sjögren, quien identificó en 1933 las características de la enfermedad que lleva su nombre. A diferencia de otras efemérides sanitarias, no se trata de una conmemoración proclamada por la Organización Mundial de la Salud o las Naciones Unidas.
Una enfermedad presente en todo el mundo
Las estimaciones internacionales varían debido a las diferencias en los criterios de diagnóstico y a la existencia de pacientes que todavía no han sido identificados. La Sjögren’s Foundation señala que millones de personas viven con esta enfermedad alrededor del mundo; tan solo en Estados Unidos calcula que podrían ser hasta cuatro millones.
El padecimiento puede presentarse a cualquier edad, aunque se diagnostica con mayor frecuencia entre los 40 y 60 años. Más de nueve de cada diez pacientes son mujeres, de acuerdo con estimaciones clínicas internacionales.
El síndrome de Sjögren ocurre cuando el sistema inmunitario ataca por error tejidos sanos, principalmente las glándulas encargadas de producir lágrimas y saliva. Esto provoca resequedad persistente en ojos y boca, pero su alcance puede ser mucho mayor.
Los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos señalan que en su aparición podrían intervenir factores genéticos y ambientales, aunque todavía no se conoce una causa única.
No es únicamente “tener los ojos secos”
Entre sus manifestaciones más comunes se encuentran ardor, sensación de arena o sensibilidad a la luz en los ojos; sequedad bucal; saliva espesa; dificultad para hablar, masticar o tragar; aparición frecuente de caries, y alteraciones del gusto.
También puede ocasionar cansancio intenso, dolor muscular y articular, inflamación de las glándulas salivales, erupciones cutáneas, tos seca, resequedad nasal o vaginal y problemas de concentración.
Al tratarse de una enfermedad sistémica, algunos pacientes desarrollan alteraciones en pulmones, riñones, hígado, tiroides, vasos sanguíneos o sistema nervioso. Además, existe un mayor riesgo de padecer ciertos tipos de linfoma, aunque esta complicación ocurre solamente en una proporción reducida de personas.
La enfermedad puede aparecer por sí sola o coexistir con otros trastornos autoinmunes, especialmente artritis reumatoide, lupus y esclerodermia.
El diagnóstico requiere varias pruebas
No existe un solo estudio capaz de confirmar todos los casos. El diagnóstico debe realizarse mediante la evaluación conjunta de síntomas, antecedentes médicos y diferentes pruebas.
Los especialistas pueden solicitar análisis de sangre para buscar determinados anticuerpos, medición de la producción de lágrimas mediante la prueba de Schirmer, evaluación de la superficie ocular, estudios de las glándulas salivales y, en algunos casos, una biopsia de glándulas menores del labio.
La atención suele requerir la participación coordinada de reumatólogos, oftalmólogos, odontólogos y otros especialistas, según los órganos afectados.
Tratamiento individual para controlar la enfermedad
Hasta 2026 no existe una cura definitiva. El tratamiento se adapta a las manifestaciones de cada paciente y busca aliviar la resequedad, prevenir lesiones y controlar la inflamación sistémica.
Las medidas pueden incluir lágrimas artificiales, ungüentos oculares, productos para sustituir o estimular la saliva, higiene dental con flúor, hidratación frecuente, lubricantes vaginales y cremas humectantes. Cuando existe afectación sistémica, el especialista puede indicar medicamentos que modulan la respuesta inmunitaria.
La Liga Europea contra las Enfermedades Reumáticas recomienda diferenciar el tratamiento local de la resequedad de las terapias sistémicas, reservadas para pacientes con enfermedad activa o afectación de órganos
No puede prevenirse, pero sí detectarse y controlarse
Actualmente no existe una estrategia comprobada para prevenir el síndrome de Sjögren. Beber agua, mantener una alimentación equilibrada, evitar el tabaco y el alcohol, proteger los ojos y realizar actividad física pueden ayudar a controlar algunas molestias, pero no impiden la aparición de la enfermedad.
La resequedad persistente, especialmente cuando está acompañada de fatiga, dolor articular, caries recurrentes o inflamación de las glándulas salivales, debe ser evaluada por profesionales de la salud.
En este 23 de julio, organizaciones de pacientes y especialistas internacionales llaman a reconocer que el Sjögren es mucho más que resequedad. Una detección oportuna y un manejo multidisciplinario pueden reducir complicaciones y mejorar considerablemente la calidad de vida.
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